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Full text of "Prisioneros en el Rif : drama en tres actos"

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FsisoiasLl Grulllén 



PRISIONEROS EN EL RIF 

DRAMA 

EN TRES ACTOS, ORIGINAL 



■ 



Copyright, by Pascual Guillen, 1922 

MADRID 

SOCIEDAD DE AUTORES ESPAÑOLES 

Calle del Prado, nm. 24 

1922 



Digitized by the Internet Archive 

in 2012 with funding f rom 

University of North Carolina at Chapel Hill 



http://archive.org/details/prisionerosenelr2528guil 



PRISIONEROS EN EL RIF 



Esta obra es propiedad de su autor, y 
nadie podrá, sin su permiso, reimprimirla 
ni representarla en Es r ~r!a ni en los países 
con los cuales se hayan celebrado, o se ce- 
lebren en adelante, tratados internaciona- 
les de propiedad literaria. 

El autor se reserva el derecha de tra- 
ducción. 

Los comisionados y representantes de la 
Sociedad de Autores Españoles son los en- 
cargados exclusivamente de conceder o ne- 
gar el permiso de representación y del co- 
bro de los derechos de propiedad. 

Droits.de representaron, de traduction et 
de reproduction reserves pour tous les pays, 
y compris la Suede, la Norvége et la Hól- 
lande. 



Queda hecho el depósito que marca la ley. 



Prisioneros en el Rif 

DRAMA 

EN TRES ACTOS, ORIGINAL 

DE 

Pascual GrTj-illérL 



Estrenado en el TEATRO DE NOVEDADES 

de Madrid 

el 28 de Julio de 1922. 



MADRID 

Establecimiento Tipográfico de J. Amado 
Pasaje de la Alhambra, 1. 

TELÉFONO 18-40 

1922 



REPARTO 



PERSONAJES ACTORES 

ZULEMA ... ... Sra. N. Mariscal, 

FATIMA Srta. Díaz. 

ZORA Sra. Pardo. 

-CAPITÁN Sr. Aguado. 

GENERAL Lorente. 

SANTÓN Ortega. 

PEPILLO ... Sra. Carmona, 

MOHATAR Sr. García Luengo- 

EL RUMI Sepúlveda. 

REN-SELAM ...... Enríquez. 

REN-AL1 Arias, 

UN SARGENTO T Estevarena. 

LÓPEZ González. 

TRIJUEQUE Torres Esquer.. 

EL MAÑO .' Vilches. 

UN SOLDADO Sánchez Aroca. 

UN MORO Díaz. 

Cabileños, soldados, etc. La acción, en el Rif. 



Época actual. 



gi:i§:is 



Jkoto p>rixxiero 



La escena representa una explanada en un lugar agres- 
te El primero y segundo término izquierda figura ser el 
muro, lachada de un palacio-fortaleza moro de nivea 
blancura, con aspilleras en las almenas. En primer ter- 
mino de éste hay un portalón practicable que hace cha- 
ñan con el marco de ropa. En ambos lados, en toda su 
altura,, dos torreones, cuadrados, de piedra, con aspille- 
ras. En segundo, término un postigo practicable. Luego 
¿ste muro forma un recodo con otro torreón. 

El foro es montañoso en casi su totalidad. Algo a la 
izquierda, entre dos picos, se divisa en la lefania el mar. 
En el costado derecho figura que hmj un sendero que 
muere en escena. En el lateral derecho grupos de ar- 
boles. 

(Al levantarse el telón, en primer término de- 
recha, sentados en el suelo con el fusil sobre 
las piernas y formando semicírculo, hay seis 
u ocho moros. Uno de ellos tañe un instru- 
mento moruno de dos cuerdas, parecido a una 
quitarra. Otros fuman en largas pipas. A un 
costado hay una hoguera con unas trébedes 
y sobre ellas una tetera. Luz de amanecer. 

PEP1LL0, cornetín de órdenes, muchacho 
ioven, ataviado con pantalón y polainas de 
uniforme y Una corta chilaba muy viefa y 
sucia, aparece bailando en el fondo del semi- 
círculo formado por los moros, que palmo- 
toan su monorrítmica canción. Pepiho esta 
pelado al rape y lleva en la coronilla, de pun- 
ta, un mechón de pelo.) 
Fepillo (Tras un largo momento de baile, que baste 

para dar la sensación que se desea, se para, 



-etsües- 



668609 



— 6 — 



Selam 
Pepillo 



Moro 
Pepillo 

Selam 
Pepillo 

Moro 
Pepillo 

Selam 
Pepillo 



Moro 
Pepillo 



Selam 

Pepillo 
Selam 



wtermmpwndo el palmoteo.) ¡Compare de mí 
amia! ¿Esto va a durar) mucho! rato? 
¡Mucho!... ¡Mucho rato! 
¡Sí!.. Pues como no me deis más de comer 

Profeta o',, ° S "* ? haüar la * huríes S 
™íeta, ,Q ue ya estarán bien descansas' 

(Burdamente.) ¡Venga, venga!... ¡Baila' 

Uparte) ¡Mardita sea tu estampa,, ladrón' 

Si te pillo un día en Málaga:, te voy a dar 

una puñalá que te... y 

^TZ^Tl^ 016 ^ ¿Tú < í uieres té? 

¡Y lo que me quierte mi 



¡Yo quiérome, sí 
novia además!... 
(Cogiendo el vaso.) 



¡Trae' aquí, hueso! 



(Comienza a palmotear can- 



¡Venga, venga!.. 
lando.) 

(Quemándose al beber.) ¡Espera, animal!. 
,iMiss!... ¡Que flamenco ha salió el tío' ; Mar- 
dita sea su arma!... 

¡Cállate!... Si hablas mal, peligra tu cabeza. 
(Dándole el vaso.) ¡No, si ese será el finaf 
La perderemos tos, ya verás... (Preparando'- 
se para bailar.) ¡Y que tenga yo que estar di- 
virtiendo a estos tíos guarros!... ¡Mardita 
sea! Como yo pille un día el caminito pa 
que te voy a contar. ' F 

¡Venga, venga! (Comienza a palmotear Los 
otros le imitan y cantan.) 
¡Na, que no hay remedio! Pues yo me tengo 
que vengar ¡Verás tú! (Comienza su dan- 
za exótica. Después de unos momentos co- 
mienza a dar unos saltos extraños y termina 
por dar un puntapié al moro en cuestión Es- 
te da un alarido, se levanta rápido y prepara 
su fusil contra Pepillo. Los otros moros le 
sujetan gritando. Asustado.) ¡Ahí va, lo aue 
he hecho!... He querido darle un espolique v 
a poco me lía, (Interviniendo en el grupo con 
recelo.) ¡Pero si ha sido! sin querer... esabo- 
no!... Y tu, ¿por qué no te apartas? ;No ha& 
visto que te iba a pisar? 

(Apartándole, mientras los otros que rodean 
al moro se lo llevan segunda derecha.) ¡Deja 
deja!. .. Está furioso y puede darte un tiro. ' 
lu tienes la curpa; por, tenerme aquí toa. la 
noche bailando. 

fuerz?¡ ardÍa e& larga y tÍeneS qUe bailar por 






Pepillo 



Selam 
Pepillo 



Selam 
Pepillo 



Sargento 
Pepillo 



Selam 

Pepillo 

Sargento 

Pepillo 

Sargento 
Pepillo 



Selam 



¡Y aluego ya veis, lo que saco; ca susto, que 
tengo el bello de punta!... ¡Mira! (Enseña el 
quiriqui.) 

Yo vengo y tú 'vienes también. 
No... si contigo me gusta, ves tú... tú eres 
güeno... í Aparte.) ¡Puñalaíta te den, ladrón! 
(Alta.) ¡Es ese malage, que toas las noches 
se mete conmigo!... ¡Ah... oye!... No te vayas 
sin decir que me den doble ración, que no he 
dormidoi. 

(Por él {oro derecha, .entra un SARGENTO y 
dos SOLDADOS. Van destrozadisimos. Llevan 
sacos vacíos.) 

(Señalándoles.) Mira, el sargento de provi- 
siones. 

¡Sí, sí!... Pero tú entra a decírselo a ese tío 
feo, compañero tuyo que da el pan. Yo en- 
traré contigo también. (Saludando al recién 
llegado.) ¡A la orden de usted! 
¿Qué haces tu aquí, Pepillo? 
¡La víctima, mi sargento, como siempre! Ca 
vez que le toca la guardia, a mi amo, me üé 
toa la noche dándome el té... Como soy der- 
gaíllo y tengo agiliá en los pies, pues me ha 
tomao por la Pastora Imperio. ¿Verdad, 

guapo? 

(Interviniendo.) ¿Quién, quién es Pastora 
Imperio? . . . ¡Mu j er! . . . ¿eh? . . . (Mueve las cade- 
ras como si bailase.) 

Sí, sí... mujer; pero bien, bien, bien... ¡Si Ja 
vieras, te caía la baba,! 

(Golpeándole amistosamente.) ¡Qué tío eres!... 
¡Los tienes encantaos! 

Porque les cuento ca bola, que quita la ca- 
beza, mi sargento; que allá arriba se pasa 
mucha hambre, y no quiero estar. 
Ten cuidado no te: den un tiro cuando menos 
lo pienses. 

To llegará, no haya miedo. De aquí, me üa 
el corazón que, no saldremos ninguno'. Un 
año prisioneros y como si na. Mucho baru- 
llo mucha garata; ca dos por tres, que nos 
•van a soltar y no nos sueltan nunca, ¡No, 
pues como asperen que yo me eche novia, 
no me sacan de aquí ni a tirones!... ¡Mardita 

sea' 

(Que cogió con un palo las trébedes y tetera 

y está en el postigo.) ¡Vamos, vamos ya!... 



8 



Pepillo 
Sargento 
Pepillo 
Sargento 

Pepillo 

Sargento 

Pepillo 

Selana 

Pepillo 

Selam 

Pepillo 



Selam 
Pepillo 

Mohatar 

Sargento 
Mohatar " 

Pepillo 



Mohatar 



Santón 
Mohatar 

Santón 

Mohatar 
Santón 



Mohatar 
Santón 



¿Se ha levantao el general, mi sargento' 

¡Creo que sí! 

¡Como ayer estaba delicao!... 

Por arriba dicen que hoy tüene entrevista 

con el Santón. f 

Entrevista, ¿pa qué? ¿Pa tratar del rescate' 
¡Para eso será! 
¡Pues entonces, música! 
(Impaciente.) ¡Vamos, sargento! 
¡Sí, hombre, sí!... Te pues ir a la... 
(Avanzando amenazador.) ¿Cómo? 
(Con música de El Per^o chico.) )¡ Ala 
Ala... Alhama de Aragón!... Ton tirorirorón 
(Le baila.) 

(Riendo.) ¡Corneta, está farruco! 
No lo sabes tú bien. 

(Por el portalón sale MOHATAR, moro jo- 
ven, arrogantísimo, con ¡aique blanco.) 
(Autoritario.) ¡Vosotros!... Fuera, dé; ahí; en 
seguida. Va a, salir el Caíd y no quiere veros 
¡Venimos por el pan! 
¡Fuera, he dicho! 

(Todos van haciendo mutis por el postigo.) 
(El último, antes de desaparecer.) ¡Qué fino- 
lis es el tío!... ¡Lo quiero como si fuera de la 
familia!... ¡Josú! (Da un pequeño ronquido y 
desaparece.) 

(Con desprecio.) ¡Raza de esclavos; hay que 
decirles las cosas con el látigo! 
(Por el portalón sale el SANTÓN, hombre de 
cierta edad, arrogante, con jaique blanco. Le 
rodean moros con armas.) 
¿Y los caballos, Mohatar? 
A la puerta grande de la muralla he ordena- 
do que los lleven. 

¡Que Alá te proteja; no eres tú, el huésped de 
mi casa, quien dehe ponerse a, mi servicio! 
¡Todo lo merece quien todo lo puede! 
Sólo bajo a la playa a ver durante la noche 
qué noticias me traen mis espías y a cercio- 
rarme si .es cierto que se nos cierra el apro- 
visionamiento poir Alhucemas... ¡Como sea 
verdad!... 
¿Qué? 

¡He de vengarme de un modo que cause es- 
panto! Tú quedas aquí; habla a mi hija y tra- 
ta de convencerla; que a mi regreso halle en' 
mi casa la buena nueva. 



9 -- 



Mohaíar Así lo haré; mas es en vano que insista; si 
tú no impones tu autoridad, Zulema está 
perdida, para. mí. 
Santón ¿Te declaras vencido? ¡Qué poco conoces el 

corazón de la mujer! 
Mohatar Dámela tú, que yo venceré su resistencia. 
Santón No; contra su voluntad, no te la doy. 

Mohatar ¡Si quieres, puedes hacerlo! 
Santón He dicho que no. Es mi única hija, y soy Jo 

suficiente rico para no tener que venderla. 
Ese es mi deseo. 
Mohatar (Molesto.) ¡Nadie te contradice; yo he supli- 
cado, lo que no acostumbro a hacer! 
Santón ¡No encendamos rencores, Mohatar! Soy más 

viejo que tú y tengo más experiencia,; es- 
cúchame... Tu alianza me conviene, como la 
mía te conviene a ti. Tú eres poderoso al 
otro lado de esas montañas; yo estoy aquí 
en mis dominios. 
Mohatar ¿Dónde vas a parar? 

Santón Escucha; yo en tu lugar no me declararía 

vencido. Estudia a mi hija, y no desconfíes 
de hallar lo razón por que te repudia. Y 
cuando la sepas, piensa que en la vida, se lo- 
gra, todos incluso el amor, si sabes emplear 
la astucia. 
Mohatar ¡Seguiré tu consejo! Concédeme tres días más 

de hospitalidad y tu hija será mi mujer. 
Santón ¡Que así sea! (Se tocan las manos y se las 

besan luego.) Si baja el general, dile que es- 
pere, y ordena que se concentren los prisio- 
neros para mi regreso. 
Mohatar Descuida. 

Santón (A los moros que forman grupo aparte.) Va- 

mos 

(ZULEMA, mora ¡oven y bella; poéticamente 
ataviada, sale precipitadamente por el por- 
talón.) 
Zujema ¡Padre!... ¡Padre!... 

Santón (Retrocediendo.) ¿Eh?... ¿Qué quiere»? 

Zulema ¿Vas a la guerra., padre? 

Santón ¡No!... Hoy si puedo me conviene ofrecer: paz. 

Zulema j Sufro de no verte aquí a, mi lado! 

Santón jVive tranquila!... ¡Mira!... (La lleva al foro 

izquierda y le señala por encima de las p& 
ñas.) ¡La lejanía toda está en reposo! El si- 
lencio invade la llanura. Los senderos están 
desiertos, los campos en paz. La madeja ene- 



10 



Zulema 
Santón 



Zulema 
Mohatar 



Zulema 
Mohatar 



Zujlema 

Mohatar 

Zulema 

Mohatar 

Zulema 

Mohatar 



Zulema 
Mohatar 



Zulema 
Mohatar 
Zujlema 
Mohatar 



miga hilada en sus campamentos enciende 
sus hogueras y por hoy, el descendientei del 
Profeta les brinda quietud. Tranquilízate y 
piensa en tu amor y en mi contentamiento. . . 
(Besándole la roya.) ¡Padre! 
(A los moros.) Vamonos. (Acompañado' hasta 
el foro por Mohatar hace mutis por el late- 
ral izquierdo.) 

(Sola, retorciéndose las manos.) ¡Piensa, en 
tu amor!... ¡Desdichada de mí! ¡Mi amor ya 
no es de este mundo!... ¡Piensa en tu amor! 
(Volviendo a ella para oir sus últimas pala- 
bras.) ¡En tu amor y en su contentamiento, 
ya lo oíste!... Ese contentamiento, ¿sabes 
cuál es? ¡Que seas mía! ¡Y ese amor, el que 
te ofrezco con toda mi alma!... ¡Zulema! 
(Trata de cogerla.) 
(Rechazándole.) ¡Déjame! 
(Apasionado.) ¡Te quiero; te quiero'; tan in- 
mensamente como las arenas del desierto, 
que nadie ha podido sojuzgar!... ¡Tan ardien- 
temente como el sol que las caldea todas a 
una!... 
¡Suelta! 

¿Me desprecias? 
Déjame. 

¿A mí? Sidi Mohatar Ben Alí 
¡No te desprecio; no te quiero! 
¡No quererme, es insultarme; en mi familia 
no se han perdonado nunca los agravios!... 
¡Nunca, jamás! 

En vano te excitas, Mohatar. Mientras mi 
padre no me obligue, no me casaré contigo. 
¡Oh, abismos insondables del corazón tuyo!... 
más profundos y misteriosos que las caver- 
nas del dolor... (Avanzando.) ¡Déjame que te 
mire, mujer, a ver si leo en tus ojo si la ra- 
zón de esa, porfía!... (De viva fuerza le coge la 
cara, mirándose en sus ojos.) ¡Allá dentro, 
en el fondo de tus pupilas serenas, debe es- 
tar escrita la razón!... ¡Sólo veo mi rostro... 
pero no... esa no; esa no es la razón!... ¡Quié- 
reme, Zulema! 
¡No! 

¡Quiéreme! 
¡No! 

Mira.... (Violento.) ¡Aquí, en los míos, y ha- 
llarás escrita en el fondo de sus pupilas mi 



li — 



Zulema 
Mohatar 



Zulema 
Mohatar 



Zulema 

Mohatar 

Zulema 

Mohatar 

Zulema 

Mohatar 

Zulema 

Mohatar 



Zulema 



Pepillo 

Selam 
Pepillo 

Zulema 
Selam 

Pepillo 

Selam 
Pepillo 



Zulema 



venganza!... ¡Quiéreme. Zulema... quiéreme! 
No, no y no. 

(Empujándola brusco.) ¡Quita, aparta, flor de 
espino; rastrojo miserable, y pide al Profeta 
que me quite estas ansias que tengo de ma- 
tarte! ¿Por qué no me quieres? 
¡Porque no! 

¡Que' fe maldición del Alá caiga sobre mí, 
si al punto no te arranco' la razón!... Había- 
me, Zulema; dime: ¿Crees que hay en todo 
el Imperio otro moro que más te merezca? 
No. 

¿Más valiente o de mayor arrogancia que yo? 
No.' 

¿Ni de familia más ilustre que la mía? 
No. 

(Atónito.) ¿Y a pesar de ello me aborreces? 
¡No te quiero! 

¡Ah!... (Hace ademán de arrojarse sobre ella, 
pero se contiene. Aparte dice.) ¡Qué voy a. ha- 
cer!... Todo se logra en la vida con astucia, 
hasta el amor... (Alto.) ¡Bien!... ¡Está bien!... 
¡Por Alá te juro que antes de tres noches he 
de saber la razón de tu desvío... he de saber 
la razón! (Iracundo hace mutis por el por- 
talón.) 

¡La razón...! ¡Ay... la razón...! (Mirando hacia 
el lateral Quitándose la luz del sol con la 
mano.) ¿En qué cumbre, en qué barranco de 
aquéllos, en qué sendero quedaría vilmente 
asesinada esa razón?... ¡Ay! (Suspira.) 
(Por el postigo, quejándose a gritos y comien- 
do a dos carrillos, sale PEPILLO, a quien 
SELAM lleva cogido de la coleta.) 
¡Ay!... ¡ay!... ¡ay!... ¡ay!... 
Dame mi torta, mi torta, 
¡Por tu madre berebere, si te doy una tor- 
ta me quitas media ración! 
¿Qué es eso, Aben-Setam? 
Este corneta, es un ladrón; ha robado do>s 
tortas de miel. 

Tú me has dicho que las «limpiara», una pa 
ti y otra pa mí. 

¡Mentira; estaban limpias, perro! (Le sacude.) 
¡Ay!, ¡ay!, ¡ay!... Señorita..., señorita; diga 
usted que me suelte el «kiriki», que me está 
doliendo el occipital. 
¡Déjale, Áben-Selam; déjale! 



— 1¿ — 



Selam 
Zulema 

Pepillo 
Zulema 



Pepillo 
Zulema 
Pepiilo 



Zulema 
Pepillo 



Zulema 



Pepillo 



Zulema 
Pepillo 
Zulema 

Pepillo 

Zulema 
Pepillo 
Zulema 
Pepillo 



(Soltándole.) ¡Tú lo mandas! 
¡Retírate, que quiero castigarle yo! 
(Mutis Selam {oro derecha.) 
¡Sí, señorita.; eso< esíá muy bien! Un tiro me 
tiene usted que dar en la frente, y me creo y.o- 
me ha bes a o la novia del Sultán. 
(Sonriendo.) ¡No temas nada mala; lo que 
quiero es que me digas una cosa! ¿Por qué me 
has llamado señorita?... ¿Me conocías antes 
de ahora? (Pepillo, con la boca llena, dice 
que sí con la cabeza. j ¡Sí!... ¿Dónde me has 
visto? 

¡En Melilla! 

¡Es cierto...! ¡Puede ser! 
Y no una vez ni dos, sino muchas veces. Co- 
mo usted tiene ¿a buena costumbre de no 
taparse la cara..., que eso está muy bien, y 
no como esas esaborías que no se las ve más 
que por aquí, pues, yo la vide a menuo, cuan- 
do su padre de usted estaba de. jefe de los 
moros en las ofecinas militares. 
¿Y cómo sabes que yo soy aquélla? 
Porque a mí no se me despintan las muje- 
res bonitas, y yo' la he tenío a. usted catalo- 
ga en un censo que hice pa mi uso interno... 
No crea usted que había muchas; verá us- 
ted... Tenía, dos en la calle ded General Cha- 
cel, una... una na más en tó el Parque Her- 
nández, una sola que me gustara a mí... y 
otra... otra en... 

(Que ha estado< pensativa, le interrumpe.) 
¡Dime, corneta!... ¿Tú has conocido un capi- 
tán de Estado Mayor que tenía su oficina jun- 
to a mi casa... en Melilla? 
¿Uno moreno*, mu salao, mu salao, mu sa- 
lao, que tenía un bigotillo como la punta de 
mi kiriki? 
Sí, sí; ese, ese. 
Sí, señora; le conozco. 

¿Qué ha sido de él?... ¿Ha muerto?... ¿Sabes 
si ha muerto? 

¡Qué va a morir!... ¡No, señora! Pero le han 
enganchao ostés. 
¿Cómo?... ¿Está aquí? 
Aquí; sí, señora; prisionero. 
(Emocionada.) ¿El...? ¿El? 
¡El y tos. nosotros, que más valí'a que nos 



13 — 



hubiéramos sui... sui.. suici!... ¡Vaya, que no 
lo digo! ¡En total, que está aquí! 
Zulema ¿Dónde?... ¿Dónde? 

Pepillo ¡ATlá arriba, en ese hotelito que su padre te- 

nía reservao pa las bestias; que vergüenza 
debía darle como nos trata! 
Zulema ¡No, no!... El no puede estar allí... ¡No puede 

ser!... (Vacilando.) ¡Tú...! ¿Cómo te llamas 
tú? 
Pepillo ¡Pepillo, asín y asín! (Hace dos cruces con 

los índices.) 
Zulema ¿Qué quieres decir? 

Pepillo ¡Pepino de la Cruz y de la Cruz!... ¡La del 

Mérito Militar y la de San remando!... ¡Que 
soy un inclusero, mujer; como el héroe de 
Cascorro! 
Zulema ¿Y tú, te atreverías, Pepillo...? ¿Te atreve- 

rías a decirle en secreto a, ese capitán que 
has hablado conmigo de él? 
Pepillo Sí, señora. 

Zulema ¿A decirle que no tema, que sufra en silen- 

cio, que pronto un emisario mío ha de lle- 
varle uh gran regalo, un espléndido regalo 
que le ha de llenar de alegría? 
Pepillo Sí, señora...; 'y puesta a regalar, no se olvi- 

de usted de mí, aunque sea poca cosa. 
Zulema ¡Pídeme lo que quieras! 

Pepillo ¡Sí...! ¡Mi madre! Déme usted una cajetilla 

por su salud, que me la voy a fumar de una 
vez. 
Zulema ¿Nada más? 

Pepillo ¡V si pone usted empeño, déme usted unas 

cuántas tortas de estas de azúcar y miel! 
Zulema ¡Ven y te hartarás! (Inicia rinitis postigo.) 

Pepillo ¡Que está allí el negro! 

Zulema No importa, sígneme. 

Pepillo (Siguiéndola.) ¡Por tabaco, hasta, el fin del 

mundo! Además, señorita, si me ha tocao us- 
ted fagina, y a mí tocarme fagina es tocar- 
me el corazón... ¡Mi madre, si la tuviera, có- 
mo me voy a poner...! ¡.Tosú, Josú, Josú!... 
(Mutis ambos postigo. Tras una ligera pausa 
sa\le con recelo por el portón MOHATAíí, 
que los ha estado espiando; mira al postigo y 
a todos lados y ba¡a a escena.) 
Mohatar ¡En mi cerebro se va haciendo la luz! ¿Quién 
es ese corneta..,? ¿Quién es ese capitán a 
quien se quiere hacer en secreto un gran re- 



U — 



Capitán 



General 

Capitán 
General 



Capitán 
General 
Capitán 
General 
Capitán 
General 



Capitán 
General 



galo?... ¿Cuál? ¿El de su amor?... ¡No, no!; 
primero la mataré... ¡Busca al emisario, Mo- 
hatar; escóndete, espía y atrailla con cadenas 
de odio el corazón!... (En lo alto de la pen- 
diente aparece apoyado en el hombro del ca- 
pitán el general. Ambos descienden lenta- 
mente. Mohaiar, al verlos, dice.) ¡Ah!... ¡El 
general y un prisionero...! ¡Vienen, hacia 
aquí!... ¡Silencio! (Mutis rápido por el pon 
ton. Pansa. Llega a escena el GENERAL, hom- 
bre tuerte, pero de cierta edad, visiblemente 
demacrado. Habla abstraído hasta que se en- 
ciende en calor. Le acompaña un CAPITÁN. 
joven y arrogante. Ambos ajados, pero dis- 
tinguidas. El general respira fatigado.) 
¡Sentaros un momento, mil general!... ¡Estáis 
fatigado! (El general se sienta en una peña.) 
¡Sin embargo, hoy me parece encontraros un 
poco mejor! (Pausa.) ¡Y cuando el doctor os 
autoriza a levantaros, también debe creer- 
lo así!... (Pausa.) ¿Queréis que llame, mi ge- 
neral? (El general hace gesto negativo. Pau- 
sa.) ¿Os molesto, mi general? (Gesto que no.) 
(Tras una pausa, se levanta, dirigiéndose 
enfrente del trozo de mar.) ¡Dadme los geme- 
los, capitán! 

(Que los lleca colgados, entrégaselos.) ¡Exce- 
lencia! 

(Después de mirar con ansia, can voz con- 
centrada.) ¡Nadie en la tierra; nadie en el 
mar!... ¡Nadie! (Entrega los gemelos al capi- 
tán y pasea en silencio. Deteniéndose.) ¿Ha- 
béis visto a mis soldados, capitán? 
¡Sí, excelencia; los he logrado ver! 
¿Cómo los tratan? 

(Pasándose la mano por la cara. ) ¡Oh! 
¿Como a enemigos prisioneros? 
¡Como a fieras, señor! 

(Crispando los puños.) ¿Por qué nos respeta- 
rían las balas,..? (Pasea agitado. Deteniendo- . 
se.) ¡Capitán; esto no puede seguir así! 
¡Quiero un arma! 
¡Señor! 

Necesito un arma, capitán. Quiero ser yo. el 
primero, el más visible, quien, quitándose la 
vida^ haga saber a España que no® queda va- 
lor para que en nuestras personas no se la 
ultraje y se la humille. 



15 



Capitán ¡Mi general! 

General ¡Necesito uní arma, capitán, para que mi muer- 
te no aparezca casual, sino dada por mi pro- 
pia mano! 

Capitán ¡Esperad, mi general!... ¿Quién sane si por 

fin se habrá concertado el rescate?... ¡Para 
algo se nos llama hoy aquí! 

General (Exaltado. ) ¡Que sea verdad, cielo santo; que. 
sea verdad y pueda yo ver en esa llanura 
otra vez mi legión de valientes con las armas 
en la mano! Necesitamos enseñar a este pue- 
bla cómo pogan los españoles la traición... 
mas no lo veré, no. ¡Esta enfermedad me lle- 
vará al sepulcro! 

Capitán ¿Qué os duele?... ¿Qué tenéis, mi general? 

General (Con voz enronquecida de emoción.) ¡Qué 
tengo...! Tengo vergüenza... ¡Tengo vergüen- 
za, capitán! 

Capitán (Exaltado.) ¡Eso no...! ¡Cumplimos como bue- 
nos! 

General ¡Debimos cumplir como mejores! 

Capitán ¡No fuimos nosotros!... ¡No fué culpa nues- 
tra! ¡Quien pudo hacerlo nos ordenó la ren- 
dición! 

General ¡Desobedeciendo esas órdenes, se va escribien- 
do la historia de los pueblos, capitán! 

Capitán ¡Para ello dejaríamos de ser soldados! 

General Pero nos convertiríamos en héroes. 

Capitán ¡Así lo somos también, mi general! 

General' Para ello hemos de mostrar aü' moro, que 
cautivos como libres, en la. mazmorra como 
' en la lucha, nuesfra española fiereza no se 
abate. Así, al cabo de nuestros sufrimientos, 
si alguno piensa que no cumplimos, nuestro 
deber, todo nuestro deber, que venga aquí, 
y será "el enemigo el mejor testimonio de 
nuestra conducta. 

Capitán ¡Tranquilizaos, mi general! España entera 
sabe que no fuimos vencidos, sino envueltos 
por la traición! 

General Son cualidades de la raza; por demasiado 
leales nos engaña un chiquillo; nos ha enga- 
ñado siempre un chiquillo, que nosi haya, 
querido engañar... (Pausa breve.) ¡Dadme... 
dadme los gemelos, capitán! 

Capitán (Entregándoselos.) ¡Excelencia! . 

General) (Mirando al mar; tras una breve pausa.) 
¡Nadie!... ¡Nadie en la tierra; nadie en el 



— 1G 



¡Nadie...! ¡Tomad. 



(Queda abs* 



mar. . . ! 
traído.) 

Pepillo (Sale por el postigo, con el faldón de la chila- 

ba recogido y lleno de rosquillas, que va co- 
miendo.) ¡Josú! ¡Josú! ¡Josa...! Si no me qui- 
tan de en medio me estoy reenganchando 
toda la vía... ¡Ahí va..»! ¡El general] (Se cua- 
dra, soltando la chilaba para saludar militar- 
mente. Las rosquillas caen al suelo.) ¡A la 
orden de vuecencia, mi general! 
(Volviendo en sí.) ¿Eh? ¿Qué es eso? 
¡Eso... eso es una pena, mi general, porque 
se han partió casi todas! 
¡Cógelas, hombre; cógelas! 
¡Sí, señor...! ¡Con su permiso! (Con vergüen- 
za, sin de¡ar de mirarle, las recoge.) 
(A Pepillo.) ¡Tu cara no me es desconocida! 
¿Quién eres? 

¡Yo...! ¡Yo soy...! Bueno, yo era el cornetín 
de órdenes de vuecencia! 
¡Ah, sí!... Ya recuerdo... ¿Y cómo estás aquí? 
¿No te mandé yo ir a la plaza con el último 
convoy? 

(Azorado.) ¡Sí, sí...! ¡Sí, señor! 
¿No pudiste llegar? 

(Tragando saliva.) ¡Yo... yo...! ¡Verá usted, mi 
capitán; yo lo que no pude es salir! 
¿Quién te lo impedía? 

¡Pos... me lo impedía el lao izquierdo, mí ge- 
neral; que si yo me iba, me dejaba allí toa 
la. familia que tengo» en el mundo, que son 
ustés — he dicho usted y no es usted, que es 
vuecencia, ya lo sé — ; pues como iba dicien- 
do), me separaba de ustés y no quedaba ade- 
más un mal cornetín pa tocar paso* ataque 
cuando fuera menester; así es que yo! me 
dije, digo: SI me que o y hago como que no 
me queo', es conio si me hubiera marchao; 
y allí me quedé. 

General ¡Hijo mío! 

Capitán ¿Y cómo no- estás con los otros prisioneros? 

Pepillo ¡Porque soy muy vivo, y he conoció el flaco 

de esta, gente, mi capitán,! ¡Son muy mar- 
chosos! Y yo les canto y les bailo unas bu- 
lerías» gitanas y un fandanguiílo de contra- 
bando que me he inveintao, y me dan de co- 
mfer y de beber y me libro de subir allá arri- 
ba; hasta el día que pille el camino y les va 



General 
Pepillo 

Capitán 
Pepillo 

General 

Pepillo 

General 



Pepillo 

Capitán 

Pepillo 

General 
Pepillo 



— 17 



a seguir bailando el Santón de. la Puntilla... 
de la puntilla, que ajolá les den a tos el día 
del Rama dan. 

Capitán (Sonriendo.) ¡Bien, hombre, bien...! Me ale- 
gra verte cointento. 

Pepillo ¡Sí, señor*.. (Pausa. El general pasea. El ca- 

pitán se sienta en una peña. Pepillo baja a 
primer término para comer. Aparte.) A los ge- 
nerales, ¿se les podrá decir usted, gusta? ¡Me 
parece que eso no está en la Ordenanza....' 
¡Pero me da vergüenza comer así... sin...! 
¡Voy a ver! (Alto.) ¡Mi general...! ¡Mi gene- 
ral...! 

General (Deteniéndose.) ¿Eh? 

Pepillo ¡Con su permiso!... ¿No quite re vuecencia dar 

un bocaíllo? 

General (Sonriente.) ¡Gracias, hijo; que te aproveche.' 

Capitán ¿Y usted, mi capitán?... ¡Ande usted, que es- 
tán muy güeñas! Ya sé que esto no se debe- 
hacer; pero colmo aquí nos partimos el ham- 
bre por igual... 

Capitán (Acercándose sonriente.) ¡No, no; gracias! 

Pepillo No me las desprecie, mi capitán; que vienen 

de muy güeñas manos. 

Capitán ¿Sí? 

Pepillo Sí, señor; pruébelas. ¡Y si liega a saber quién 

me las dio que estaba usted aquí, me las da 
todas! Por más que a usted ya me ha dicho 
que Te piensa mandar un buen regalo. 

General ¡Dadme los gemelos, capitán! 

Capitán ¡Excelencia! (Entregándoselos.) 

General Gracias, (Escudriñando el horizonte hace mu- 
tis lento por el ¡oro izquierda.) 

Capitán (Volviendo a Pepillo^) ¡Oye, oye...! ¿Quién - \ a 

a mandarme a mí mi regalo? 

Pepillo Una persona que le tiene a, usted mucho con 

qué. 

Capitán ¿A mí? ¿Una persona? ¿De dónde? 

Pepillo De aquí muy cerquita, 

Capitán ¿Macho o hemibra? 

Pepillo ¡Josú; macho había de ser...! ¡Hembra, hem 

bra... y de las barbianas de chipén, de pos- 
tín!... ¡Con ca ojos asín y ca pestaña y ca... 
regolusión. que arma cuando mira, que!... 

Capitán Me tienes Ideo; termina de una vez. 

Pepillo ¡Sí, señor,..! Aspérese que termine. (Se mete 

en la boca media rosquilla, de una vez.) 



- 18 — 



Capitán 
Pepillo 



Capitán 
Pepillo 

Capitán 
Pepillo 

Capitán 
Pepillo 

Capitán 

Pepillo 

Gapilán 

Populo 



Capitán 

Pepillo 

Capitán 

Pepillo 

Capitán 

Pepillo 



Capitán 



Pepillo 
Zulema 

Capitán 



(Impaciente.) ¡Eres insoportable!... ¡Venga, 
hombre, venga! 

(Tragando aprisa.) ¡Ya está...! ¡Josu, que me 
voy a abogar!... ¿Usted no recuerda una mo- 
nta que vivía en Melilla, tiempo atrás, junto 
a las, oficinas de usteé? 
¡Sí! .. ¡La hija del caíd! 
¡De Caín o Abel, no sé!... ¡Unía mu guape, 
lona! 

¡Sí, sí: adelante! . 

Pues esa, eéfa se ha mudao, y ahora; vive alil 
enfrente. 
¿Es posible? 

Aún no hace dos, minutos que, míe estaba pre- 
guntando por usted. 

¡Por mí...! ¡Ella!... ¿Y qué, qué... qué te ha 
dicho? 

No lo puedo decir, mi capitán. 
¿Por qué? 

Porque me ha dicho que se lo diga, en secre- 
to, y a mí me parece que cotmo más, en secre- 
to' se dicen las cosas, es, callándoselas. 
¡NO hombre, no!... Quiso decir que me lo di- 
gas a mí solo. 
¡Pues ya lo sabe usted! 
¿El que? 
¡Eso! 

(Nervioso.) ¿Pero qué es éso? 
¡Pos; que me ha preguntao por usted! Y des- 
pués ele saber que estaba güeña dei salud, 
me ha dicho que se aguante en silencio, que 
pronto recibirá usted mi emisario con¡ un re- 
galo suyo!... ¡Rosquillas que le querrá man- 
dar! 

(Agitado.) ¡Es increíble...! ¡Zulema aquí, y 
quiere mandarme un emisario.. ! ¿Para qué? 
(Sujetándose el pecho ) ¡Quieto;!... ¡Quieto!... 
(Queda pensativo Pepillo; sigue comiendo*. El 
postigo se abre en silencio y aparece ZULE- 
MA, seguida de un MORO, que queda al pie. 
Ella avanza hasta tocar en el hombro al ca- 
pitán.) 

(So?^prendido al verla.) ¡Mírela... mírela, mi 
(a pitan! 

(Reclamando, silencio,) ¡Chist!... ¡Vete! (PepU 
lio hace mutis segunda derecha, después de 
volverse un par de veces.) 
(Estrechándole las manos.) ¡Zulema! 



— 19 



Zulema No hay ¿lempo que perder... ¡Capitán, yo soy 

siempre la misma! 

Capitán. (Besándole las manos.) ¡Señora! 

Zulema ¡En cierta ocasión recibí de ti un favor; hoy 

te correspondo con una gratitud! Oye lo que 
te dice mi¡ emisario y sigúele ciegamente. 
¡Que Alá te proteja si no te vuelvo a ver! 
(Inicia mutis postigo.) 

Capitán pNo*.... no me dejéis! 

-ZuJema ¡Chist!... (Casi en el postigo, con gran emo- 

ción.) ¡Que Alá te proteja"... si ya no vuelvo 
a verte, capitán! (Mutis.) 

Capitán (Precipitándose a seguirla.) ¡Zulema...! ¡Zu- 
lema, escucha! 

Rumí (Que quedó en la puerta, le detiene.) ¡Deten- 

te...! Por ella, y por ti. 

Capitán ¿Quién eres tú? 

Rumí Un esclavo suyo y un tu amigo de verdad. 

Capitán (Dudando.) ¡Amigo! 

Rumí Más... mucho* más... Pero ahora sólo te di» 

ré que soy el emisario que viene a salvarte. 

Capitán ¿Cómo? 

Rumí El regalo de mi señor'a. es tu libertad. Tengo 

orden de proporcionarte la fuga y ser el lu- 
cero que te guíe entre tantos peligros. 

Capitán (Con recelo.' ¡Mucho fío de ella... no fío tanto 
: de ti! 

Rumí ¡Cree en mi palabra, si no de hombre honra- 

do 1 , de hombre leal! 

Capitán ¿Lealtad aquí? 

Rumí ¡Sí, lealtad en mí! Si puedo, a la noche, su- 

biré a verte en tu choza; allí te llevaré un 
disfraz moruno. Tú calla, si no quieres malo 1 - 
grar tu evasión -o despertar sospechas que 
nos cuesten la vida,. 

Capitán (Vacilando.) ¿Qué hacer, madre mía?... La 
fuga para mí, la libertad... ¿Y el general...? 
¿Y mis compañeros de cautiverio?... No, no... 
¡Ah... qué idea... qué revelación!... 

Rumí ¿Qué hablas? 

Capitán ¡Yo no puedo aceptar' eso, moro! 

Rumí ¿No estás en ti? 

Capitán ¡Más que nunca..., y para convencerte, es- 
cúchame! Si tu, señora quiere tener aprisio- 
nado para ella en mi corazón eternamente 
la gratitud y el amor, dile que no® "salve a 
todos en lugar de salvarme a mí solo. 

Rumí ¿Deliras, capitán? 



Capitán No deliro; conozco mi situación. Mucha pue- 
P|.[ i ' de influir Zuléma en el animo dei su padre, 

para limar las- asperezas que impiden nues- 
tro rescate. 

Rumi ¿Crees que no lo ha intentado ya? 

Capitán De lo que estoy seguro es de que mi súplica, y 
mi presencia le dará valor para pedirlo con 
más ahinco, con mayor tenacidad. 

Rumí ¿Quién te ha dicho que te quería, capitán? 

Capitán ¡Quien no nos engaña nunca: el corazón! 

Rumí ¿Y no te dice también que eso no puede ser? 

Capitán ¡Pero mi conciencia me dice que lo> debo in- 
tentar! (Bajando la voz y cogiéndole de un 
i brazo.) ¡Además, por si eso no fuera posible T 

tengo una idea, que puede darnos la liber- 
tad!... Si tan amigo mío eres, proporcionan ic- 
io que voy a pedirte. 

Rumí ¡Habla! 

Capitán ¡Quiero una entrevista sólo con ella! 

Rumi ¡Sobresaltada.) ¿Eh...? ¿Cuándo? 

Capitán Esta misma noche. 

Rumí ¿Pero dónde? 

Capitán Señalando la Alcazaba.) ¡Ahí! 

Rumí ¿En su casa? 

Capitán ¡Donde nadie pueda escucharnos! 

Rumí ¡Eso no puede ser! Hay centinelas. 

Capitán ¡Se burlan! 

Rumí ¿Cómo? 

Capitán Tú lo sabrás mejor que yo. 

Rumí ¿Qué pretendes, capitán? 

Capitán Devolverle su regalo y exponerle un plan pa- 
ra evadirnos todos. 

Rumí Eso es una locura, capitán. 

Capitán Yo sólo te he pedido que me entrevistes con 
ella., no tu parecer. 

Rumí ¡Está bien!... Corro a decírselo, y si te quiere 

recibir te haré una señal: Luego si tienes as- 
tucia par'a llegai' hasta ese postigo sin ser 
visto, después de la media noche, me encon- 
trarás, allí, 

Gapitán Si lo haces asi... ¡Oh!... No, no... No te creo.... 
no te puedo creer. 

líumí Te juro que así lo> liaré. 

Capitán ¡Dame un arma! .. Que si me descubren, pue- 
da morir matando!. 

Rumí No, no... ¡Un arma, no! 

Cap'tán ¡Yes!... Ves como no eres leal... ¡Te has de- 
nunciado! 



— 21 



Rumí ¡Que no soy leal!!... Óyeme, capean... ¡Erv 

todo el Rif no hay nadie, nadie, que demues- 
tre con pruebas que Sidi Mohamed el Rumí 
ha sido traidor!... En España... 

Capitán ¡'Sorprendido.) ¿Qué? 

Rumí ¡En España sí puede ser que alguien diga 

que Carlos de la Torre fué un asesino! 

Capitán í Retrocediendo.) ¿Tú?... ¿Un renegado? 

Rumí Dii un desgraciado y no te equivocas, capi- 

tán; que la deshonra, es un remolino-, y nadie 
sabe dónde empieza el vendaval. 

Capitán ¡Un espjañol renegado!... Ahora dudo de tí 

con más motivo. 

Rumí (Sacando ana pistola de la chilaba ij dándo- 

sela por el pomo.) ¡Toma, capitán; dispara 
sobre mi cabeza! 

Capitán (Precipitándose a cogerla.) ¡Un arma...! ¡La 
vida! ¡La libertad! 

Rumí ¡Dispara sobre mi cabeza, capitán, si pien- 

sas que te engaño! 

Capitán No, no... ¡Eres un hombre honrado, y eso ló 
afirmo yo, lo juro yo de rodillas (Doblando 
una rodilla.) por mi fe de caballero*! 

Rumí (Emocionado.) ¡Oh... gracias, grátelas!... 

(Inicia mutis postigo.) ¡Hasta la media no- 
che, capitán, y que Dios, nuestro Dios, te pa- 
gue el bien que me has hecho...! Hasta, la 
media noche... ¡Hasla la media noche, capi- 
tán! (Casi en un sollozo hace mutfé.) 

Capitán (Que sigue de rodillas en el centro de la es- 
cena en actitud de orar, levanta la voz.) ¡La 
libertad; la libertad para todos y para ella 
también!... ¡Qué hermosa es la libertad! 
(PEPILLO entra por el segundo derecha.) 

Pepillo (Sorprendido.) ¡Josú...! Mi capitán a gatas. 

¿Se le ha perdió a usted algo, mi capitán? 

Capitán (Levantándose alegre.) ¡No, Cepillo!... Al 
contrario, lo que he hecho ha sido encontrar 
una cosa. 

Pepillo ¿El qué? 

Capitán (Enseñándole la pistola.) ¡Esto, mira! 

Pepillo (Dando un salto.) ¡Josú... qué preciosidad...: 

¡Con la falta que me está a mí haciendo una 
de esas; más que un abanico en día de lo- 
ros! ¿Dónde se la ha encontrao usted? 

Capitán ¡En este mismo lugar! 

Pepillo ¡Se criarán aquí esos animal itos! (Mira a lo 

das partes.) 



Capitán Deja las bromas y óyeme., que quiero había r* 
contigo enl serio. 

Pepíllo (Saludando.) ¡A la orden de usted, mi capi- 

tán! 

Capitán (Acercándosele.) ¿Tú sabes para qué pueda 
servir esta pistola? * 

Pepillo ¡Sí, señor!... ¡Esto sirve hasta pa abrir latas 

de sardinas! 

Capitán ¡Basta.! 

Pepillo * (Saludando.) ¡Sí, señor, mi capitán! 

Capitán ¡Tel hablo* en serio! 

Pepillo Sí, señor; mi capitán. 

Capitán Esto puede servirnos, si me ayudas', hasta 
para dejar de sai*, esclavos. 

Pepülo (Sin poderse contener.) ¡Josú... si me lo dice 

usted otra vez, pierdo la formalidad, mi ca- 
pitán!... ¿Y en qué puedo yo ayudarle en 
eso>? 

Cap. tan ¿Tú has entrado alguna vez en. al interior 
de la Alcazaba? 

Pepillo sí, señó... ¡Hasta la cocina! 

Capitán ¿y sabes si los moros tienen en ella arma* 
de repuesto? 

Pepillo ¡Una de fusiles, asín! (Señalando.) 

Capitón. ¿Y cartuchos? 

Pepillo Un cuarto lleno. 

Capitán ¿Tú tendrías valor para acompañarme si tu- 
viéramos que ir allí? 

Pepillo ¡Mi capitán!... Eso no se pregunta a Pepíllo 

el Malagueño, digo, de la Cruiz y de la Cruz. 

Capitán (Dándole la mano emocionado. ). ¡Perdona, hi- 
jo; es que nos va la vida! 

Pepillo Diremos como en «Don Juan Tinorio»: «Pues 

va la vida.» «Pues va...» ¿Pero y entrar ahí 
sin ser vistosi? 

Capitán ¡Entraremos!... ¿Cuándo viene la guardia 
mora? 

Pepillo ¡De día aún! 

Capitán ¿Dónde se coloca? 

Pepillo ¡Ahi! 

Capitán ¡Aquí...! ¡Aquí mismo! ¡Yo debo entrar por 
esa postigo y me verán! 

Pepillo ¡Segurísimo! . 

Capitán ¿Y qué hacemos? 

Pepillo Dificilillo está eso... (Pensando.) ¡Si le doy 

mi chilaba!... El caso es que a mí me viene 
tan cortita... (De repente.) ¡Ya está! 

Capitán ¿Qué, qué? 



— 23 — 



Fepillo 
Capitán 
Pepillo 
Capitán 

Pepillo 

Capitán 
Pepillo 



Capitán 
Pepillo 



Capitán 
Pepillo 



Capitán 
Pepillo 



Capitán 

Pepillo 

Capitán 



Pepillo 

Capitán 
Pepillo 



Me da Vusted ?a pistola y eje) dojs minuto* 

nos queamos solos. 

¡Y all ruido de Tos disiparos, vendrá mas 

gente 1 ! . ' ' v ■ ' 

jTié usted razón,!.. . ¡Mardita sea!... ¿Y no 
se podría entrar mejor por otro lao? 
Debe estar todo vigilado, y además el que 
nos espera nos abrirá ese postigo a medra 

noche 1 . .,. — 

(Dándose en la frente.) ¡Ya esta, ya esta, >, 

está. . . ! 

¡Ya! . , .... 

•Verá usted!... Como todas las. noches, yo ten- 
dré que venir a baila a esta gente, el garro- 
tín. . . 

¡Sí!... ¿Y qué? 

Pues que cuando a mí me parezca que > a 
está usted por ahí escondió, me hago el lo- 
co me lío a dar patas a unía hoguera muy 
grande que hacen, aquí, les, tiro el té por el 
suelos que es quitarles la vía, y en medio de 
esa regolucdón usted, de un .salto, se planta 
en el quicio de la puerta con la pistola amar- 
tilla... y Mojamed que se le acerque, (Hacien- 
do ademán de tirar.) lo mojamiza usted. 
¿Y después? 

¡Aluego que usted se -cuele se acabo el ga- 
rrotín y entonces comienza el garrotán, que 
va a ser una de bofetás, que me van a poner 

R 711 1 CfilOStlG'! 

¡No no!... ¡Yo no puedo consentir eso! 
;No hemos dicho que va la vía?... Pero, ca- 
lle usted; si eso entra en mi programa. Alue- 
go de darme c'a uno cien, patas, me ama- 
rran y me meterán, como otras veces, en 
el sótano, de ese torreón. Usted y el que le 
acompañe están alerta, y cuando se vayan, 
vienen, me desatan, y si me puedo mover ya 
somos tres. 
¿Y si te dan un! taro? 
¡San se ariabó Pepillo, virgen y partir!. 
(Abrazándole emocionado.) ¡Con hombres co- 
mo tú no podemos ser vencidos nunca! ¡Va- 
liente! 

Calle usted, mi capitán; que me va a dar 
«achares». 

(Reteniéndole las manos.) ¡Valiente! 
Mi capitán..., sólo me falta pedirle un favor. 



— 2Í 



■Capitán 
Pepillo 



Gapiíán 
Pepilio 



Capitón 

Pepillo 

Capitán 
Pepillo 



Capitán 



General 
Capitán 



General 
Capitán 



General 
Capitán 



¡Di! 

Que si yo caigo y usted se salva por casua- 
lidad, y allega usted algún día a pasar 1 por 
Málaga, allá en el barrio del Perchel tengo 
yo; una chavalilla que me quiere más que a 
la luz de sus ojos... Pregunte usted por la 
novia de Pepillo el Malagueño, que allí tos 
la conocen... 
¡Pero...!- 

¡Déjeme hablar' que esto es sagrao!... La bus- 
ca usted y la da usted... la da. usted... (Bus- 
cándose:,) ¿el qué? ¡Esto mismo! ¡Este pañu- 
lillo!... Está sucio y es de munición; pero na 
tengo olra cosa... ¡Y dígale usted que la he 
querío tanto,., tanto... que aunque es de yer- 
bas y yo he pásao mucha hambre, no me lo 
be comió... pa que ella lo pueda guardar...! 
¡Mardita sea,..! 

(Emocionado, estrechándole las manos. ) 
¡Grande, grande, valiente,..! 
{Intentando escapar.) ¡Vamos, déjeme; déje- 
me que me vaya corriendo! 
¿Adonde? 

¡Allí a la vuelta, a llorar un poquito, y ven- 
go en seguía!... (Emocionadísimo.) ¡Es que 
no me puedo tener, mi capitán... que' no me 
puedo tener...! (En un sollozo se arranca del 
capitán y hace mutis corriendo por el segun- 
do derecha.) 

(Viéndole marchar.) ¡Valiente...! Si salimos 
con vida, recamado de oro hemos de llevár- 
selo los dos. (Precipitándose al foro.) ¡Mi ge- 
neral!... ¡Mi general!... 

(MOHATAR .sale por el portón, espiándole. 
Retirase inmediatamente.) 
{Entrando pro izquierda.) ¡Aquí estoy, capi- 
tán!... ¿Me llamáis? 

¡Han ocurrido cosas extraordinarias., mi ge- 
neral! Tengo locas esperanzas de podernos 
evadir. 

(Impresionado.) ¿Cómo? 
¡Ya o® lo contaré al detalle!... De momento, 
sabed que para esta noche tengo el proyecto 
de apoderarme de la Alcazaba. 
(Retrocediendo.) ¿Estáis enfermo', capitán? 
No, no; sé lo que digo, mi general. Necesi- 
to sets hombres dispuestos a "morir. S'i ven- 



Jf> - 



cemos, después de media noche, nuestros her- 
manos estarán ahí de guarnición. 
¿Y mañana? 

¡Al amanecer, armados y pertrechados, an- 
tes que los. moros se den cuenta de lo ocu- 
rrido, caeremos sobre ellos, abriéndonos pa- 
so hasta el Peñón de Alhucemas! 
General (Exaltado.) ¡Capitán, de acuerdo... de acuer- 
do; pero uno de esos hombres que baje a 
ayudaros he de ser yol 
Capitán ¡Mi general! 
General 1 ¡No se hable más!... ¡He de ser yo! 

(Dentro, por el loro izquierda, se oye un con- 
fuso vocerío y relinchar de caballos.) 
Capitán (Yendo a mirar.) ¿Eh?... ¿Qué es eso? 
Santón (Dentro, con voz de trueno.) ¡Pronto, esclavos, 

la brida! (Se oye restallar un látigo.) ¡Pronto! 
General' ¡ Tempestuoso llega el Caíd ! ... Al unísono mar- 
chan él y nuestro corazón. 
Santón (Dentro; hasta que aparece por el ¡oro iz- 

quierda, con voces destempladas.) ¡Los pri- 
sioneros, en seguida... los prisioneros, todos 
aquí!... (Entrando.) ¡A mí la guardia, servi- 
dores!... ¡Aquí los prisioneros! 
Mohatar (Saliendo por el portón.) ¡Que el Profeta ben- 
diga tu cólera, siempre justa, como bendice 
la de las olas del mar! (Mirando por el ¡oro 
derecha.) ¡Aquí están los prisioneros! 
Santón ¡Quisiera confundirlos como el rayo confun- 

de a todo lo que alcanza, Mohatar!... Ten- 
go que decirte que los cristiano© nos han ce- 
rrado el aprovisionamiento por Alhucemas. 
Mohatar ¿Eh? 

Santón ■ ¡Nuestros emisarios, a.l acercarse, han sido 
tiroteados esta mañana.! Esto es, la guerra Mo- 
hatar, y yo he de hacerla de un modo que 
cause espanto. ¿Lo oyes, general? 
General ¡Dime eso libre; si me' lo dices prisionero es 

una cobardía! 
Mohatar ¡Perro...! (Avanza sobre él.) 
Capitán (Arrojándose a su cuello.) ¡Miserable!... (For- 
cejean.) 
General (Imponiéndose.) ¡Quieto;, capitán!... ¡Os lo 
mando! (El capitán le suelta y viene a su la- 
do*.) ¡Pensad en lo convenido! 
Santón ¿Y vive a,ún ese hombre?... (Encolerizado a 

Mohatar.) (Por \&t capitán.) ¿Qué espjerás, 
Mohatar? Mátalo. 



m 



Mohatar 



Santón 



General 



Santón 



General 



(Con calma y sonriente.) ¡No...! Todavía, no... 
¡Espera! 

(Custodiados por moros, comienzan a entrar 
los prisioneros, con PEPILLO a la cabeza. 
Vienen rotos, demacrados, con prendas extra- 
ñas sobre el uniforme.) 

(Cuando lodos han entrado., tras una pausa.} 
¡Cautivos;: Os autorizo para, que escribáis a 
vuestra familia, esta noche, lo que os voy a 
decir. Desde mañana estaréis repartidos por 
grupos en- todas las cabilas del territorio. 
Cuando vuestras máquinas infernales lancen 
sus bombas, de destrucción y de muerte, allí 
donde caigan, si es posible, estaréis uno de 
vosotros. 

(Indignado.) '¡Con ese proceder, no nos en- 
tenderemos nunca! 

(Con soberbia.) ¡ ( §'in éj, yo dejaría, de (ser 
quien soy, y ahora aquí se cumple, mi vo- 
luntad!... Cautivos: escribid a Vuestras fa- 
milias, que desde hoy no comeréis más que 
una sola vez al día,- sin más agua para be- 
ber que la del cielo y el sudor de vuestra 
frente... ¡Escribidlo si queréis, que sepan lo 
terrible de mi cólera y de mi soberbia!... ¡Va- 
mos, Mohatar!... (Hacen mutis ambos por el 
portón.) 

(Dando un paso hacia él.) ¡Miserable!... (Vol- 
viéndose a los prisioneros como un ilumi- 
nado:') ¡Hijos míos!... ¡Escribid ja vuestras 
familias que los soldados españoles no han 
temblado nunca!... (Con voz que se le va en- 
yonqueciendo.) ¡Hijos míos ... escribid a 
vuestras familias que los soldados españo- 
les no conocen la traición!... ¡Hijo® míos: es- 
cribir a vuestros padres que el aliento que 
os sostiene es el de aquellos que conquista- 
ron medio mundo y supieron civilizarle des- 
pués!... ¡Escribidlo así, hijos míos; escribid- 
lo así, escribidlo así!... 

(Insensiblemente los prisioneros van irguién- 
dose y cuadrándose militarmente.) — (Telón.) 



FIN DEL ACTO PRIMERO 



'M'éíA'£'élaa;mMM^M^M 



Acto segundo 



Un interior del palacio-fortaleza moro. A todo foro iz- 
quierda perspectiva de jardín. Al foro, columnata de me- 
dios punios de estilo forma una galería practicable 
desde el lateral izquierdo hasta la entrada en escena, si- 
tuada cerca del costado derecho. Por esta entrada, que 
debe ser amplia, debe verse a todo foro una puertecita 
practicable que da paso a otro cuerpo de edificio. I na 
entrada más en cada lateral.' Luz de luna en el jardín. 
El resto alumbrado por grupos de candelabros con cor- 
tas y gruesas velas. 

En primer término a cada lado, una mcsita moruna: 
sobre la derecha, servicio de té; por el suelo, pequeños 
tapices y cofines para sentarse, 

(Al levantarse el telón, óyese dentro del lu- 
do del jardín una chirimía mora. ZULEMA, 
en el foro, en pie, reclinada sobre una colum- 
na oye tocar. Junto a la mesila de la derecha 
está sentada FAT1MA, bella morita de unos 
quince años, examinando un raro instrumen- 
to de cuerdas. En la de la izquierda, varias 
moras reclinadas hablan entre ellas. Un ser- 
vicio de té en la mesa.) 

(Hablando hacia el foro.) ¡Azomir!... ¡Azo- 
mifi (Cesa la chirimía.) ¡Basta!... Por es- 
ta noche basta ya... ¡Retírale a descansar: 
(Breve silencio.) ¡Y a ti, que El te proteja!... 
(Viniendo a escena, A Fdtima.) ¿Que haces, 
Fátijmia? 

Queriendo sorprender el secreto del su en- 
canto ¿Cómo este instrumento lloraba antes 
en tus manos y ahora en las mías parece 
que ríe? Mira, ves... (Rasguea sus cuerdas.,' 
¡Me hace hurla! 



Zuleroa 



Fátima 



- - 28 - 



Zulema 

Fátima 
Zulema 

Fátima 

Zulema 

Fátima 
Zulema 



Fátima 
Zulema 



Fátima 
Zulema 
Fátima 
Zulema 



Fátima 

Zulema 
Fátima 



Zulema 



Fátima 



Rumí 



¡Pues compréndelo, mujer!... El otro día, ¿por 

qué me dijiste tú aquella oración tan bonita, 

que los cristianos rezan a la prometida de 

Dios? 

Porque me la ha enseñado a decir mi padre. 

Te vi temblar de emoción al recitarla, y erii 

tus ojos sorprendí extraños, reflejos. 

Mi padre llora de pena siempre que la dice, 

y a mí el recordarlo me hace llorar también' 

Pues yo antes hice gemir ese instrumento, 

porque' tenía penas, y hubo un artista moro 

em mi infancia que me/ enseñó a hacerte 

llorar. 

(Viniendo a sentarse a su lado.) ¡Tú tienes 

penas, dueña mía!... ¿Por qué? 

¿Quei por qué tengo penas?... -¿Qué h'arías 

tú si vieras a un hombre que te ha, salvado 

la vida en peligro de muerte? 

¡Librar!... ¡Lloran mucho! 

¿Y si además de salvarte la vida te hubiera 

robado el corazón, fuera el dueño de tu míe. 

rer? H ■- 

Arrostraría la muerte por salvarle. 
¿Contra todos? 

¡Contra mí misma, si fuera preciso! 
¡Ay!... (Pausa.) ¡Tengo vagos presentimien- 
tos, tenebrosos augurios!... ¡No sé!... Fáti- 
ma, ¿cómo pudiera conocer mi destino? 
¿Quieres que llame a la vieja Zora, la que 
todo lo adivina? 
¡Qué me irá. a decir, Fátima! 
(Riendo.) ¡Lo de siempre: que tu destino es 
rosado, azul y riente, colmo el paraíso de 
Mahoma; que tu porvenir ha de ser tranqui- 
lo y acariciador, como las aguas durmien- 
tes del estanque; que eres bella como un en- 
sueño ideal! 

¡Sí, sí...! ¡Ve...! Tráeme la vieja Zora, que 
lea una vez más en el libro de mi vida. Ne- 
cesito consolarme, Fátima. Ve, ve... (A las 
moras.) ¡Vosotras, retiraos también. 
¡Mientras tanto, sonríe tranquila!... (Se le- 
vanta e inicia mutis toro. Deliénese al ver 
al RUMI por el lateral derecha.) ¡Aquí está 
mi padre! 

(Entrando.) ¡Ya está todo preparado!... (A 
Fátima.) ¡Vete, hija mía! (La besa en la 
frente. Mutis Fátima por el ¡oro.) 



¿Ü — 



Zulema 

Rumí 

Zulema 
Rumí 

Zulema 

Rumí 

Zulema 
Rumi 



Zulema 

Rumí 

Zulema 

Rural 



Zulema 
Rumí 
Zulema 
Rumí 



Zulema 
Rumí 



Zulema 
Fátima 
Zulema 



Me tenías impaciente. ¿Qué hacen los míos, 
Mohamed? 

¡Discuten en Junta con! los caídes el reparto 
de prisioneras! 

¿Lograste hablar al capitán? 
Lo preciso para estar de acuerdo. A la me- 
dia noche, si no ocurre una desgracia, lo ten- 
drás aquí. 

¡Mi fiel Mohamed, nunca podré pagarte tan- 
to favor! 

No me lo agradezcas, que sirviéndote), de 
servirme a mí mismo me. das ocasión. 
¡He de concederte lo que pidas! 
¡Que sepa el capitán, que sepan eni España, 
que, culpable y todo, soy capaz de un sacri- 
ficio. Y si ante la conciencia de los hombres 
mi conducta merece luego un galardón, pe- 
diré... 

¿Qué? 

¡Que me dejen volver a mi país! 
¿Para siempre? 

Sería demasiado. Me bastaría con que me de 
jasen llegar al blanco caserío donde he na- 
cido, para ver por última vez una viejecita, 
una mujer. 

¿Qué mujer, Mohamed? 
¡Mi madre! 
¿Tu madre te espera? 

¡Me espera aún; vive', porque rae espera, 
sí!... Me lo dijo al arrancarme de sus bra- 
zos.. ?*¡ Corno sea, cuando sea, no quiero mo- 
rir sin volverte a ver, hijo mío!... Ven. 
¡Bello país el tuyo, Mohamed, donde Jas 
madres quieren siempre! 
¡Ah!... He de darla un beso muy hondo; tan 
hondo, que su esencia me consuele luego, si 
tengo que volver a estos apriscos, a estas so- 
ledades, a esta esclavitud. (Queda tras- 



puesto.) 

¡Pobre Mohamed 



¡Pobre Molía- 



el Rumi!. 
med! 

(Entrando por la izquierda.) ¡Ha terminado 
la Junta, Zulema! Mohatar viene hacia aquí. 
¡Siempre Mohatar!... Corre, Mohamed... vue- 
la a tu puesto, mientras yo alejo de aquí a 
ese hombre, y piensa que mi vida está en 
la salvación del capitán 



30 



Rumi 

Zulema 
Fátima 
Zulema 
Fátima 
Zulema 



Mohatar 

Zulema 

Mohatar 

Zulema 

Mohatar 

Zulema 

Mohatar 

Zulema 

Mohatar 

Zulema 

Mohatar 

Zulema 
Mohatar 



Zulema 
Mohatar 



Zulema 
Mohatar 

Zulema 



¡Y el beso de mi madre! Descuida. (Mutis 

por el lateral derecha.) 

(A Fátima.) ¿Viste a Zora? 

Sí; he de volver a recogerla. 

Noi; ahora no le separes de mí... 

¿Qué quieres? 

Que aprendas cómo se puede aborrecer a 

una persona que pretenda querernos con to 

do el corazón. ¡Silencio! 

(Por el lateral izquierda entra MOHATAR, 

aUancfp.) 

(A Fátima.) ¡Vete! 

(Interviniendo.) ¡Está conmigo! 

i Imperioso.) ¡Vete! .- - 

(Fátima hace mutis loro en silencio.) 

(Tras una breve pausa.) ¡Mandas en lo mío 

corno dueño y señor'! 

¡Porque me perteneces ya! 

(En un grito.) ¡A ti...! ¡Di que mientes! 

No. 

¿Quién lo ha dicho? 

Tu padre, que manda sobre ti. 

Eso no puede ser; yo te odio, Mohatar; no 

quiero ser tuya. 

¡Me basta con que lo seas, aun contra tu 
Voluntad! 

¡tires un miserable! 

¡Soy un buen amigo vuestro! Me cuesta, un 
gran sacrificio. Por alcanzarte, tu podre me 
ha puesto una condición en la que me va la 
vida. 

¡Miserable! 

No me insultes, Zulema, y escucha. Esta 
noche salgo para mi territorio con la mitad 
de los prisioneros cristianos, que he de pa- 
sear de zoco en zoco en prueba de mi poder. 
Si antes de quince días logro encender la 
guerra contra, España en Occidente, ¡eres mía, 
mía sin remedio', mía! 

(Presa de infinita angustia.) ¿Qué dices?... 
¿Qué hablas?... ¿Vas a llevarte la, mitad de 
los prisioneros? 

¡Los más fuertes, los más aguerridos; el ca 
mino es largo., y, a pesar de ello., por- Alá 
que todos no podrán llegar. A la cabeza he 
de llevarme un arrogante capitán, que pre- 
tendió osado agredirme. 
¡No, no; eso no puede ser! 



3Í 



Mohatar 
Zu,lema 



Mohatar 
Zulema 



Mohatar 
Zulema 



Mohatar 
Zulema 



Mohatar 

Zulema 



Mohatar 



Mí 

Mohatar 

Ali 

Mohatar 

Alí 

Mohatar 

Alí 
Mohatar 



(Amenazador.) ¿Por qué no puede ser? 
(Tras una vacilación, dulcificando el tono.) 
¡Porque... porque no debes hacerlo tú! Es 
menguada gallardía llevar como trofeo cau- 
tivos que tú no hiciste. Yo te deseaba más 
orgulloso y nicas altivo. 
¿A mí?... ¡Si me desprecias! (Sorprendido.} 
¡Y esa idea que he llegado a inculcar en tu 
cerebro, esa idea que te he llegado a hacer 
creer rio te ha empujado a cometer mil 
heroicidades, mil locuras por merecerme!. . 
¡Terrible desengaño! 

¡No acierto a comprenderte!... ¿Que tu me 
quieres a mí? 

¡Torpe, que no has sabido leer en mi cora 
zón! ¡Una mujer de mi linaje merece algo 
más que palabras de su enamorado! 
¡Dime tú lo que he de hacer para merecerte. 
¡No partas esta noche, Mohatar; espera! Ma- 
ñana te diré lo que quiero de ti; si lo cum- 
ples, entonces, sí; entonces seré tu mujer... 
¡Olvida por esta noche a los prisioneros y 
piensa en lo que te voy a pedir, ¿quieres? 
Tú mandas en mi corazón y en mi vplum 
tad; pero si me engañas... 
(Desasiéndose.) Te juro que no; voy a ver a 
mi padre para decirle la buena nueva; que 
se alegre... que se alegre, que al fin voy a ser 
tova no por la fuerza, sino por mandato de 
mi corazón... ¡Déjame, déjame...! (Mutis n, 
-pida por el foro.) 

(Soto, viéndola ptóiaflse.) ¡Falsa, engañosa, 
be sabido hallarte la razón y he de saber 
gozarme en mi venganza! (Llamando bato al 
lateral derecho.) . ¡Ben Alí!... ¡Ben Ali! 

•Dónde ha quedado Mohamed el Rumí? 
Junto al postigo en espera. 
¿Y tu gente? 

Emboscada, aguarda la señal. 
¡Te va la vida si destruyes con una preci- 
pitación mi proyecto! 

Manda. . i , *_ .. ^ 7 - 

Sin perder su huella, dejad al Rumi y-a 
quien le siga en completa libertad Necesito 
que la cosa sea más que un intento de eva- 
sión Que ni un solo rumor les haga sospe- 
char nuestra celada. Vigiladme el polvorín 



31? - 



Alí 

Mohatar 



Fátima 

Zora 

Fátima 

Zora 



Fátima 



Zora 



Fátima 
Zulema 
Zora 
Zulema 



Zora 
Zulema 



Zora 

Zulema 

Zora 

Zulema 



el pasf tY^V? ' UjldaS ' de J Und0 '**& 
el pasa Tu ocúltate en esa maleza y espía 

Qw nadie se mueva en tanto yo no ?S 

• Así se hará! 

¡Ve...! fl|f„tf a .4¿/, toíem/ derecha, solo ) ;H-> 

S?t2f? l6; y a ella ' un so]o día he 

de tenerla por mujer; lo bastante para ha - 

«/o mutis lateral izquierda.) ¡Todo,, tocio se 
Helo- ^h r n í> C ° n aStuda hadi ^o 

(1/uí/i ; amor ' hasta el amor! 

(Por el ¡oro aparece FÁTIMA; observa y 

t S 7onT\ Pnm rea V™™r luego seguida 
de ZORA, meia mora, tipo de sibila.) 
i^asa, Zora; mi dueña no puede tardar' 
jlu dueña es mi dueña; Ja señora del mundo' 
, 1 a que conoces el secreto de la vida, tienes 
que decirle su destino! 

¡Afán de corazones juveniles! ¿Para qué que- 
reís saber lo no llegado, si luego de sabido 
ciareis lo m venido por pasado' 
No te entiendo... ¡Ella quiere saber su por- 
venir, porque si es bueno, comenzará a go- 
zarle desde ahora! 8 
¡Hay que dejar la vida recorrer sus cauces 
Intima! No romper la cadena de ilusiones 
que forja vuestra inexperiencia y juventud 
•Aparece ZULEMA per la galería ) 
■ Aquí está Zulema! 
i Entrando'.) ¡Zorja! 

(Inclinándose.) ¡Aquí estoy, mi dueña' 
¡Te necesito!... Otras veces has leído en m, 
sino bellas cosas que me han hecho soñar 
¡Hoy quiero que preguntes a tus espíritus si 
ne de ser pronto feliz! 

serás' firmemente c * ue l0 eres > Y Pronto io 

¡No puedo, Zora; no puedo!... Me pasan cu- 
sas horribles... ¡Hoy necesito tus prediccio- 
nes, p era Sln engaños ni falsedades! 
¡Zulema! 

¡Te lo exijo; te lo mando! 
¡Bien, mi dueña! ¡Cúmplase tu voluntad' (Por 
Fátima.) ¡La niña!... * 

¡Fátima, retírate! 



— 33 



Fátíma ¡Mi señora! 

Zulema ¡Retírate! (Mutis Fálima en silencio, lateral 

izqvÁerda.) 

Zora ¡La luz! (Zulema apaga las luces.) ¡Los es- 

píritus no quieren otra que la luz de la lu- 
na! Luz pálida, luz de recuerdo 1 , que hace re» 
vivir a las almas en pena de los seres muer- 
tos sin esperanza... ¡Silencio! (Da varios pa~ 
sos, haciendo signos cabalísticos con el bas 
tan, mientras murmura palabras inteligibles 
Luego se detiene y hace tres reverencias con 
los brazos extendidos.) ¡Ya!... ¡Ya está!... 
¡Silencio! (La escena queda a oscuras. Zora, 
arrebujada en su manto; Zulema, un poco 
retirada, en pie, contiene la respiración. El 
(oro se ilumina tenuemente de rojo, viéndo- 
se la contrafigura de Zalema, que lucha coa- 
la, de Mohatar, hasta quedar tendida en el 
suelo. En este momento Zora da un grito ex- 
traño y se levanta despavorida.) ¡Ah...! No, 
no... No... (Cubriéndose la cara con el 
manto.) 

Zulema (Ansiosa, yendo a ella.) ¡Qué viste, Zora; (lí- 

melo! 

Zora ¡no s no i_ Es horrible,.. ¡Horrible! 

Zulema ¡De rodillas te lo pido!... ¡Habíame! 

Zora ¡Sangre; he visto sangre!... La. muerte... (Mi- 

rando a Zulema da un grito.) ¡Ah...! Eres tú. 
tú... (Desasiéndose de Zulema y hwjendo por 
el ¡oro.) ¡Misericordia...! Misericordia... ¡Per 
don...! 

Zulema (Sola. En el suelo, en actitud transpuesta.) 

¡Sangre!... ¡Sangre!... ¡Una muerte!... ¡La 
mía! ¡Ay, capitán; capitán, capitán!.... 

Capitán (Entrando por la galería, acompañado del 
Rumí, que cruza sin entrar en escena.) 
(Yendo a levantarla.) ¡Zulema! 

Zulema ¿Tú?... ¿Eres tú, capitán? 

Capitán ¡El Rumí me señaló tu habitación!... ¿Me es- 
perabas? 

Zulema ¡Coh el alma llena de terror! 

Capitán ¡No temas; necesitaba llegar hasta ti para 
devolverte tu regalo! Me- ofreces la libertad 
para mi cuerpo, dejando aquí prisionero mi 
espíritu, mi gallardía, mi corazón, y eso yo 
no lo puedo aceptar. 

Zulema ¡Capitán! 

Capitán Yo no soy solo. Es mi general, son mis com- 

3 



34 — 



pañeros todos los que sufrimos en silencio un 
castigo que no mere ceñios; confortándonos 
con un gestó, con una mirada, recordééido- 
nos a cada nue/vo insulto con un apretón de 
manos, que fuimos testigos del ajeno valor; 
yo no debo, yo no puedo abandonarles, Zu- 
lema; ni puedo abandonarles a ellos, ni... 
¿por qué no decirlo?..., ni puedoi abandonar- 
te a ti. 

Zulema ¡No, no sigas! 

Capitán ¡Qué importa que yo haga enmudecer 1 mis 
ansias!... ¿Mis ojos no te han dicho muchas 
veces que te quiero? ¿Mis quejas y suspiros 
no llegaron nunca ha sta ti? Mis labios con- 
traídos, ¿no te hicieron pensar que cerraban 
el paso a los gritos de mi desesperación, 
porque sabía que tú eras la mujer imposi- 
ble para mí? 

Zulema No me atormentes, capitán (Suplicante.) 

Capitán. No soy yo, Zulema; es tu religión, tus leyes, 
tus costumbres; como si el amor no estuvie- 
ra por encima de todo; como si el Destino que 
cruzó nuestras vidas no tuviera más sabidu- 
ría que las leyes de los hombres. ¿Quién me 
empujó a arrancarte de manos de los enemi- 
gos de tu padre? 
Tu generosidad. 

No lo creas, Zulema; fué El... ¡El que todo 
lo puede, que guió mis pasos hasta el lugar 
de vuestra algarada! El me inclinó de tu 
bando sin saber siquiera por qué luchaba y 
fui a poner 1 paz entre los tuyos quitándomela 
yo del corazón. 

Zulema ¡Capitán!... 

Capitán ¡Te quiero, Zulema; mujer mora, cristiana o 
como seas, te quiero!... 

Zulema ¡La sibila ha visto sangre, muerte!... 

Capitán La sibila no ha visto mi amor. 

Zulema - ¡Huye pronto! 

Capitán Silo, nunca,; si tú quieres, con mis hermanos 
y contigo sí que huiré. 

Zulema ¡Dejadme, capitán; yo he de morir! 

Capitán De amor en mis brazos. 

Zulema ¡Tenme compasión; soy una pobre mujer! 

Capitán ¡Quiero nevarte conmigo para que conozcas" 
él valor de la vida y de tu juventud!... Quie- 
ro que dejes de ser esclava. ■ ,: ■ 

Zulema ¡Pero eso no puede ser! ■ 



Ztilema 
Capitán 



— 35 



Capitán Sí, sí... ¡Sí puede ser! Atiéndeme y piensa que 
mi lealtad no puede aconsejar una vileza. Si 
tú quieres, ahora mismo hago pasar mia 
hombres en silencio al polvorín, y antes de 
una hora somos dueños de la Alcazaba. 

-Zulema ¡Una traición! 

Capitán ¡Si hubiera querido hacerla ya estarían allí! 
Sólo para llegar a verte se me franqueó tu 
entrada, y por ella saldré orgulloso de mí mis- 
mo si nos condenas a seguir cautivos. 

Zulema ¡Yo no acierto!... Yo no sé lo que pides, capi- 

tán. 

Capitán Te pido tu libertad, la mía, la de todos. Sj 
vencemos, he de respetar la vida de tu pa- 
dre cual si fuera la del mío. Al amanecer, 
por la fuerza de las armas, podemos llegar 
al Peñón de Alhucemas, y allí mismo jura 
hacerte mi mujer. 

Zulema ¡Tengo miedo! 

Capitán libré eres para, elegir entre mi muerte o mi 
amor, como yo he sido libre para devolverte 
tu regalo. 

Zulema ¡Espera, capitán!... 

Capitán Mañana será tarde; van a separarnos.., 

Zulema ¡Los míos rae maldecirán! 

Capitán Más que su maldición podrán las bendiciones 
de las madres y esposas de tantos infelices 
que tú puedes devolver a su amor... ¡Decíde- 
te, Zulema,... decídete! .. 

Zulema (Interrumpiéndole. ) ¡Chist!... ¡Calla!... Alguien 

se acerca... (Quedan en silencio. Zulema es- 
cucha en el lateral derecha. Luego pregunta.) 
¿Quién va? 

Rumí (Entrando, lateral derecha seguido de PEPI- 

LLO.) /Yo., no temas!... Aquí está el corneta. 

Capitán {Estrechándole la mano.) ¿Eres tú, Pepillo? 

Pepillo ¡Mis restos mortales, sí, señor! 

Capitán ¿Te lastimaron? 

Pepillo Me han dado una paliza de R. I. P., pero con 

x tornillo, no hay cuidado. Al que yo pille den- 

tro de un rato se la devuelvo con rédito en 
los ríñones. ¡Josú! 

Rumí ¡No perdamos el tiempo! (Al capitán.) ¿Ha- 

béis hablado? 

Capitán ¡Sí! 

Rumí ¿Zulema?... 

Zulema ¡Yo sólo veo destrucción y muerte!... Pronto 

llegará la mía a terminar mi duelo... ¡Sálvate 



- H¡- - 



y salva a los tuyos, capitán, y que Alá me 
perdone si falto a mi deber! 

Capitán (Estrechándola.) ¡Ah!... Es por mi vida, Zule- 
ma, por nuestro amor... Gracias. 

Rumí (A Zulema.) ¡Retírate pronto; aléjate de esta 

habitación! 

Zulema Donde vaya he de llevar mi angustia. 

Rumi (Llevándola al lateral derecha.) ¡Pod aquí r 

pronto!... El tiempo vuela, y con él la ocasión 
de vencer. (Mutis Zulema. Volviendo al ca- 
pitán y señalando la puertecita del foro.} 
; Allí están los fusiles; aquí está la llave!..'. 
¡Yo entro contigo, capitán! 

Pepillo ¡Y yo! 

Rumi Tú quédate aquí para vigilar la entrada y 

que no nos sorprendan. Si notas algo sospe- 
choso, nos das un silbido. 

Pepillo Y si alguno se presenta, ¿qué?... ¿Le doy otro 

silbido? 

Rumi ¡Si le ves obligado', les das «aire»!... Toma. 

(Le da una pistoAa.) 

Pepillo ¡Josú!... Vaya ventilador... Pues ya estoy de 

centinela. 

Rumí ¡Vamos! (Inicia mutis todo (oro.) 

Capitán (Siguiéndole.) ¡Adiós, Pepillo! 

Pepillo ¡Lo del pañolilo que no se olvide, mi capitán! 

Capitán Descuida. (Desaparecen el Rumí y el capitán 
por el ¡orillo.) 

Pepillo ¡Vaya!... ¡Ya está el torito en la arena!... ¡Y 

que ésta es una faena de maestro!; como se* 
remate bien, nos van a dar la laureada y 
oreja!... ¡Pues no te digo na como pillemos al 
Santón!... ¡Que le buscamos otro empleo es 
viejo; pero va a ser... en el paraíso de Ma- 
homa!... ¡De acomodador! ¡Y déjate... que a 
ca puerco le llega... su cumpleaños!... (Den- 
tro suena un tiro. Pepillo da un salto.) ¡Pri- 
mer aviso!... (Se oye otro disparo.) Al tercero 
al corral... (Suenan tiros seguidos.) ¡Esto no 
lié remedio!... ¡Maldita sea!... (Sueñan más 
disparos.) ¿Y qué hago yo?... ¿Qué hago yo? 
(Llamando al lateral derecha.) ¡Señorita!... 
¡Señorita!... 

Zulema ¡Entrando precipitadamente.) ¿Has oído?... 

¡Tiros!... ¡Les han descubierto! 

Pepillo ¡Sí, señora; yo me voy allá dentro en una co- 

rría pa dar una mano. 

Zulema ¡Te matarán! 



Pepillo . ¡Que me maten,... no l •:.. jrta!... ¡Viva Espa- 
ña! (Desaparece corriendo por el ¡oro.) 

.Zulema (Descompuesta.) ¡Sí, sí... no hay duda... no 

han tenido tiempo para nada!... Les han vis- 
to', les han visto... ¿Qué hacer?... ¿Dónde acu- 
dir? (Se dirige al pro, pero se detiene al oir 
nuevos tiros, dando un grito.) ¡Ah! La predio 
ion de Zpra... ¡Sangre!... Sangre y desola- 
ción... (Volviendo atrás para iniciar mutis la- 
teral izquierda.) ¡Mi vida, mi vida, porque 
se salve el capitán! (Cuando va a hacer mu- 
tis le corla el paso MOHATAR, que entra.) 

Mohatar (Colérico.) ¿Dónde vas? 

Zulema .Quiero ver a mí padre; paso! 

Mohatar ¿A pedirle la vida de los que están allí? 

Zulema ¡Paso! 

Mohatar Para ello tendrías que encontrarles con ella, 
y no lo conseguirás. (Intenta seguir al foro.) 

Zulema ¡Ah, miserable; quieres asesinarle; no pasas! 

Mohatar ¡Impura, maldita; amas a un cristiano! 

Zulema ¡Nada te importa! 

Mohatar ¡Aparta o no respondo de mí! 

Zuleuia No pasas. 

Mohatar ¡Quiero su vida! 

Zulema (Cogiéndole al ver que se le escapa.) ¡No pa- 

sas!... Tienes que matarme primero. 

Mohatar (Forcejeando con ella.) ¡Quita! 

Zulema ¡No! 

Mohatar (Fuera de si.) ¡Tanto le quieres, perdida!... 
Ahora mismo te mato. ¡Mala mujer! ¡Impura! 
(La coge del cuello, ella da gritos cada vez 
más ahogados.) ¡Renegada, maldita!... (De- 
jándola caer.) ¡Comienza mi venganza!... Y" 
ahora, ahora, nos veremos, capitán. (Mutis 
corriendo foro.) 

(Cada vez más lejanas siguen oyéndose dis- 
paros. Tras una breve pausa entra por la iz- 
quierda FATIMA, que avanza cautelosa sin 
ver el cuerpo de Zulema.) 

Fátima ¡Zulema!... ¿Has oído?... ¡Zulema! (Viéndola.) 

¿Eh?... ¿Qué haces aquí, mi dueña?... ¡Abre 
los ojos! ¡Mírame!... Me das miedo... Me das 
miedo... ¡Contéstame! (Trata de incorporar- 
la: el cuerpo de Zulema cae otra vez inerte 
sobre el suelo.) ¿Eh?... ¿Qué es esto?... ¡No 
respira!... (Levantándose despavorida.) ¡Fa- 
vor!... ¡A mí!... ¡Padre!... ¡Padre!... 

Santón (Dentro, por la galería, apareciendo mien- 



3;3 



Fátima 

Santón 
Fátüna 
Santón 



Fátima 
Mohatar 



Santón 
Mohatar 



Santón 



Rumí 
Fátima 

Santón 

Mohatar 

Santón 

Mohatar 



garitón 



tras habla, seguido de MOROS armados y 
ESCLAVOS con antorchas. ) ¡Fátima!... ¡Fá- 
tima!... ¿Qué temes?... ¿Por qué gritas? 
(Saliendo a su encuentm.) ¡Tu hija, señor!.... 
¡Tu hija! 
¿Qué? 

¡Muerta!... ¡Allí! 

(En un grito.) ¡Ehl... ¡Hija!... Hija... (Arrú- 
diliándose ante ella.) ¡No puede ser!... ¡Men- 
tira!... ¡Zulema, respóndeme!... ¡Ah, su cora- 
zón!... No late; no late su corazón... ¡Mi hi- 
ja muerta!... (En un sollozo que es un rugi- 
do.) ¡Mi tesoro!... ¡Mi alegría!... ¡Mi ilusión 
de vivir!... (Levantándose rápido.) ¿Quién ha 
sido el miserable?... Contesta, Fátima, ¿Quién 
ha sido el asesino?... 
¡A nadie he visto, señor! 
[Que salió momentos antes por el foro segui- 
do de MOROS armados que traen maniatado 
al RUMÍ.) ¡Yo te lo diré! 
¡Mohatar! 

¡Los cristianos prisioneros han sido! Preten- 
dieron pasar al polvorín y han asesinado tu 
luja, con la complicidad de este hombre. (Por 
el Rumi.) ¡Luego, interponiéndose al sorpren- 
derles, ha logrado hacerles escapar!... ¡Mise- 
rable! 

(Trágico, avanza, clavando el puñal en el pe- 
cho del Rumi, que cae de rodillas.) ¿Tú?... ¡Tu 
vida, esclavo! 
¡Ah!... 

(En un grito, abrazándose a él.) ¡Padre!.. - 
¡Padre!... 

¡Ahora quiero los otros, Mohatar!... Quiero 
los otros... ¿Les conoces? 
¡Sí! 

¡Vivos o muertos, les necesito! 
¡Y te juro por Alá que vivos o muertos les 
has de tener! A mi los servidores, los deudos 
y . amigos., seguidme . . . 

(Por el ¡oro, siguiendo a Mohatar, todos ha 
cen mutis en tropel, menos dos esclavos con. 
antorchas, que siguen iluminando la escena.) 
(Viniendo a arrodillarse sobre el cuerpo de 
Zulema.) ¡Hija!... Hija mía. Mi tesoro, mi ale. 
gría, mi ilusión de vivir. (Queda sollozando 
sobre ella.) 



— 39 — 

Fátima (En el otro extremo, incorporando al Bumi. } 

¡Padre!... 
Rumí (Con estertor.) ¡Fátima!... Allá... Lejos... ¡Me 

espera... me espera siempre... mi vieja!... 
Fátima (llorando.) ¿Qué hago yo, padre? ¿Qué hago 

yo? 
Rumí ¡Re... za!... ¡Re... za!... 

Fátima (Deja el cuerpo de su padre y siguiendo de ru- 

dillas, ¡unta las manos para orar.) Creo en 
Dios Padre Todopoderoso, creador de España 
y de la tierra... 
Santón (Incorporándose crispado, en un grito.) ¡Re- 

negada!... ¡Maldita!... ¡Vete si no quieres que 
descargue mi cólera sobre ti!... ¡Huye! 
Rumi (En un grito.) ¡Ma... madre! (Muere.) 

Fátima ¡Padre!... (Al Santón, suplicante.) ¡Déjame, 

señor!... ¡Es mi padre! 
Santón (Furioso.) ¡Vete, vete!... ¡No quiero verte llo- 

rar! ¡No quiero! 
Fátima (Con fiereza.) ¿Te hacen daño mis lágrimas? 

¿Te remuerde mi desesperación?... 
Santón (Fuera de si.) ¡Vete... vete!... 

Fátima ¿Temes, que mi sangre española, inflamada 

en las venas # , estalle en un incendio que te. 
devore?... 
Santón (Conteniéndose ladeante.) ¡Vete!... No quiero 

matarte... ¡Vete! 
Fátima (Exaltadísima.) ¡Que la maldición de Alá cai- 

ga sobre ti y tus hijos hasta la cuarta gene 
radón!... ¡Asesino!... ¡Fiera!... Que no sabes 
ni respetar el dolor... (Cae sollozando sobre 
el cuerpo de su padre.) ¡Padre!... Padre mío... 
¡Padre!...— (Telón.) 



FIN DEL ACTO SEGUNDO 



AákAAAAAákéXkAáSkáSk 



Aoto teroero 



La escena representa ser la vertiente de una monta- 
ña. Por el foro izquierda desciende un camino que muere 
en escena. En el segundo término del lateral derecho, co- 
mo entallado en la roca de la montaña, hay una cueva 
con lasco portón, que figura ser donde están recluidos 
los prisioneros. Un ventanuco con un hierro en cniz a un 
costado de la puerta. A lodo foro mar. El resto de la es- 
cena rocas y pasos practicables. 



(Al levantarse el telón aparecen en primer 
término derecha TRES PRISIONEROS espa- 
ñoles que cuchichean entre sí. Contra la roca, 
cerca de la cueva, se ve un MORO atado y 
amordazado. En segundo término izquierda 
hay otro PRISIONERO, tendido sobre una 
peña, mirando hacia dicho lateral , y el MAÑO 
en pie funto al lateral izquierda mirando ha' 
cia ese costado. El GENERAL en pie, en es- 
cena, le pregunta. Es de noche, luz de luna.) 
(Después de escuchar en silencio unos ins- 
tantes.) ¿Parece que no tiran? 
¡Extraño silencio, mi general! 
¿Tú ves algo desde ahí? 
¡He visto brillar fogonazos que iban en aque- 
lla dirección, corriéndose como si persiguie- 
ran a alguien! 

(Mirando por un practicable.) ¡Yo no veo, rio 
veo!... ¡Me confunde la blancura de las ron- 
cas!... ¿Qué hacer? 

Esperemos a ver si s^rprendeimos un tumul- 
to, un grito... algo. 

¡Sí, sí!... ¡Esperemos! ¡Me duele abandonar 
esta, esperanza!... No bajes, muchacho; mira 
con atención y sobre todo la señal... Mira 



General 

Soldado 
General 
Solidado 



General 

Soldado 
General 



■U 



señal. ¡Yo te ayudaré 



Maño 

Lóücte 
Trijueq. 

Maño 



Trijueq. 

López 

Maño 

Trijueq. 
Maño 



Lóuez 



Trijueq. 

López 
Maño 



Trijueq. 

Maño 
Trijueq. 



Lépete 

Trijueq. 

Maño 

Soldado 

Lomee 



bien si nos hacen 
desde allí!... 

(Hace mutis por la izquierda. Tras una bre. 
ve pausa el Maño se acerca a los del grupo. ) 
¡Sabís, maños, que esto me da mala espina!... 
¡Me palee, me palee, que la novia por esta 
vez nos ha sallo perra! 

¡Desde que ha sonao el primer' tiro, me ha 
entra.o un hormigueo por to el cuerpo! 
{Castellano cachazudo.) ¡Que seis mu fanta 
siosos!... ¡En cuanto que os hablan de es- 
capar, las ganas os lo dan to hecho! 
¡Grnm¡q pudiéramos ihacerlo a bocaos, otra 
que Dios, que no estaba, yo aquí diez menú* 
tos más! 

¡Pero como no se pué hacer a bocaus, velay! 
¡Maldita sea la...! (Pausa.) 
¡Yo que me había hecho el ánimo de estar en 
Zaragoza pa las fiestas del Pilar!... 
¡Sí, sí!... 

Me palee que las voy a ver desde donde la» 
vi el año pasan, aunque falta dos meses to- 
davía. . . 

¡A mí, cuando el general ha pedido cinc* 
hombres, de coraje me ha da o una voltereta 
el corazón!... Me he dicho: «Ya está aquí. Ya 
está arma.» 

(Que ha estado pensativo.) ¡Oye, maño!... ¿A 
cómo dices tú que estamos? 
¡Cualquiera sabe eso! 

¡Aguate, que yo lo llevo apuntao! (Saca un 
papel mugriento.) ¡Ayer estábamos a calor 
ce!... ¡Ayer a catorce!... ¡Pues hoy estamos a 
quince! 

(Levantándose agitado y yendo al Maño.) ¿A 
quince?... ¿A quince?... ¿De verdad? 
Si te sabe mal, añídile dos o tres día,s» 
(Emocionado-.) ¿A quince?... ¡Quince de Agos- 
to! ¡Maldita sea! (Pensativo va a sentarse 
aparte.) 

¡Trijueque, ven aquí, hombre! ¿Dónde vas? 
(Con mal humor.) ¡Déjame estar! 
¡Otra, que Dios! ¿Qué mosca te ha pican? 
{Desde su puesto.) ¡Chist!... 
(Bajando la vos.) ¿Qué mosca le va a picar?...- 
¡Que se acuerda del pueblo; a lo mejor; es 
hoy día grande pa él. 



— 13 



Maño ¡Pué c'haiga loros y to!... ¿Hay capea en üi 

pueblo, Trijueque? 
Soldado ¡Chist!... 

(Reclamando silencio. Pausa. De repente 
Trijueque se levanta, coge una piedra de gran 
tamaño y avanza airado hacia el moro pri- 
sionero.) 
Trijueq. ¡Maldita sea la...! Ahora mismo le, le... 
López (A tiempo le contiene.) ¡Quieto, hombre, quie- 

to!... ¡No seas bárbaro! 
Maño (ídem.) ¿Pero qué ibas a hacer, maño? 

Trijueq. ¿Qué iba a hacer? ¡Iba a matarle!... ¡A ma- 
tarle!... ¡Pa cobrarme la angustia que tengo 
desde que me has dicho- el día que es!... ¡Quin- 
ce de Agosto! De pensar que en cuanto ama- 
nezga van a voltiar las campanas de mi igle- 
sia diciendo a to el mundo que alcomienza la 
fiesta. De pensar que en este día, mozos y 
mozas, viejos y chicos, van a bailar y diver- 
tirse, mientras los míos lloran y yo aquí me 
muero de rabia, y... Vamos, no sé... no sé. Se 
me ha apretao el corazón y lo hubiera aptas- 
la© la cabeza. 
Lópeí ¡Pero éste no tiene culpa, hombre!... ¿Qué 

sabe él? 
Ttijueq. ¿Que no tiene culpa?... Pues que me traigan • 
el que la tiene, ¡verás tú lo que tardo en 
aplastársela también! 
Lópetz ¡Qué bruto eres, Trijueque! 

Trijujeq. ¡Mu bruto, mu bruto!... ¡Yo seré mu bruto... 
pera mientras he estao en mi casa, ni han 
hecho falta, tres jornaleros pa segar, ni mi 
padre consumió por el trabajo, ha tenido que 
engancharse ai rejo pa llevar el arao!... Ni 
ha tenío nadie en mi puebla bolea de semilla 
más acertó, que yo, ni ha habió quien defen- 
diera la cosecha con mayor ahinco que el 
mío... ¡Mu bruto, mu bruto!... ¡Pué que ten- 
gas razón! 
Maño ¡Bueno, maños bueno!... ¡No te hace falta 

agüela! 
Lópefc [Sonriente.) ¡Ven aquí, hombre, ven aquí!... 

No hay que perder la cabeza... ¡El día que 
vuelvas al pueblo puede que toquen pa ti solo 
las campanas y se pongan en fiesta los veci, 
nos!. 
Maño ¡Y hasta que te lleven en procesión, como a 

un santo! 



u - 



Trijueq. 
López 



Maño 
López 



"frijueq. 
López 



Trijuéq. 
Maño 



Pepillo 

López 
Pepillo 
Lópeiz 
Pepillo 

Maño 
Pepillo 



(Con amargura.) ¡Sí, sí!... 
¡Aquí me tienes a mí, madrileño de clase!; . 
¡Natío nada menos que en la plaza de la Ceba* 
en la plaza de la Ceba, Trijueque! ¿Tú sabes 
eso lo que es? ¡Eso es mu grande! Pues tan 
tranquilo, ¡no digo ni media palabra!... Y eso 
que hoy es la Virgen de la Paloma... ¡De la 
Paloma, Trijueque! ¡Con un cacho verbena 
que ponemos allí los vecinos, que pa qué te 
voy a decir. Hasta la Chata viene a vernos 
tos los años, tú verás. 
¿Pa qué? 

¿Cómo que pa qué?... ¡Porque es madrileña 
como yo!... Y además, castiza como ella so- 
la... ¡Con una sonrisilla que gasta siempre 
pa to el que la. mira, que si no fuera por la 
edad!... ¡si n fuera por la edad habría suici- 
dios y to por su culpa!... ¿Qué sabes tú? 
¡Pues este año me paice que no la ves! 
¡Cómo que no!... Tú crees que estoy aquí, 
¿verdad? Bueno, pues no señor, porque co- 
mo los que están allí yo sé cierto que a, raí 
no me olvidan, pues cierro los ojos y hasta 
me parece que los oigo hablar. Eso es. ¡Y a 
ver quién me dice a mí, si yo me empeño, 
que no estoy en la verbena de la Paloma!... 
¡Eso es! 

(Suspirando.) ¡Bien, hombre, bien!... Tiés ra. 
zón Tú cierra los ojos; nosotros esperare- 
mos. Todas las cosas tienen su fin. 
Todas, no... ¡Hay algunas más largas que la 
voluntad del Siñor!... Hace doce años, siendo 
yo un chico todavía, alcomenzaron a con- 
tarme un cuento de moros... y al paso que 
me lo cuentan, no sé, no sé... Me paice que 
se lo van a aprender mis nietos también. 
(Por el primer término izquierda, con caute- 
la, entra PEPILLO.) 
¡Mi general!... ¡Mi general!... 
(Todos se ponen en pie.) 
¿Quién es? 

Soy yo... ¡El corneta! ¿Y el general? 
¡Aquí está!... ¿Le llamo? 
¡Sí, sí; llámale!... 
(López mutis foro izquierda.) 
Oye, maño, ¿nos vamos o no no ; s¡ vamos? 
Me da el corazón que no nos vamos¡ en lo 
que queda de siglo. 



- 45 



Maño ¿Ni aunque le eche una instancia a la Pila 

rica? 
Pepillo ¡Eso sen cosas de familia, yo na sé! 

(Por el foro, con ansiedad, entra el GENE- 
RAL, seguido de LÓPEZ.) 
General ¿Dónde está?... ¡Pepillo, tú!... ¡Cuéntame qué 

ha ocurrido! 
Pepillo Pos que nos han descubierto, mi general, y 

hemos tenido que soltar la presa. 
General ¿Y el capitán?... ¿Dónde está? 
Pepillo No sé, mi general... ¡Se empeñó en saltar 

primero que yo por la muralla, pa que le si- 
guieran los que estuvieran emboscaos!... ¡Y 
así fué!... Aluego, mientras el Rumí me guar- 
daba la espalda contra los de dentro, salté 
yo y vi al capitán perseguido por tos ellos, 
que se perdía a lo lejos, y yo dije, pos me 
voy a ver al general. 
General ' ¿Tú crees que habrá logrado escapar? 
Pepillo Dificilillo está eso... Esta gente tié guardaos 

tos los pasos v salías, y me parece a mí que 
el capitán nos va a dar un mal rato. 
General 1 ¡No poder ayudarle! ¡Ira de Dios! 
Pepillo (Vacilante.) "¡Mi general, con su permiso! 

¿Puedo decirle una cosa? 
General ¡Di! 

Pepillo ¡Pues que se arrecojan esos hombres ca una. 

a su choza, que ál que pillen esta noche fue- 
ra de madre le van a dar candela estos ga- 
chos! 
General ¿Y abandonamos ese hombre a su suerte? 
Pepillo ¡Si no tenemos un mal alfiler! Además, que yo 

me queo aquí... 
General ¿Y si te cogen? 

Pepillo Conmigo no hay cuidao. A mí con esta tropa 

me pasa lo que a Larita, mi paisanoí, con los 
toros; mientras más derecho embisten y más 
cuernos tienen, más me divierto con ellos... 
¡Josú, lo que he dicho!... (Cuadrándose.) ¡Vue- 
cencía me perdone, mi general! 
General ¡No, no!... Conserva tu buen humor; es lo 
único que te queda... ¡En cambio, nosotros, 
volveremos a nuestras pocilgas a comemos 
los puños de rabia!... (A los soldados.) ¡Mu- 
chachos!... Nada se ha podido hacer... ¡Re- 
tiraos en seguida! 
López (Por el moro.) ¿Qué hacemos con nuestro 

carcelero, mi general? 



46 



General 



López 

Pepillo 

General 



Pepillo 



Fátima 
Pepillo 

Fátima 

Pepillo 

Fátima 



¡Llevarlo: a la cueva y mañana resolveré! No 
agravemos Ja situación... ¡Y si preguntan 
decid a quien fuere que he sido yo quien 
lo ha sorpr endido y maniatado'! 
(Trijueque y las otros levantan al moro e 
inician mutis por la cueva.) 
(Saludando) ¡A la orden de vuecencia mi 
general! ■ 

¡Pues yo voy a ver si puedo volverme al [o- 
rreón antes que amanezca! 
(Inicia mutis cueva.) ¡Así van cayendo en 
silencio los hijos de España!... ¡Qué rabia! 
¡Hoy, unos mañana, dos! ¡Valiente©..: muy 
valientes!... ¿Y para Jqué, Dios míoi; para 
que?... (Resuelto.) ¡Adiós, Pepillo»; que la 
suerte te acompañe! (Mutis por la cueva.) 
¡A la orden de vuecencia, mi general! (Pau- 
sa, Solo.) ¡Maldita sea,...! Tan bien preparao 
que estaba esto... ¡A mí no hay quien me 
quite que ese moro forastero tiene Ja culna 
de tó!... Mala puñalea le dé un gitana con 
unas tijeras, pa que sean dos a la vez... ¡Y 
qué empeño tenía en agarrarme el gachó/... 
¡Je!... ¡Si me pesca! ¡Gueno!... ¡Por sime Jo 
encuentro^, voy a, contar el dinero que me 
quea!... (Saca la pistola y la mira.) ¡Arrui- 
nao'!... ¡Estoy arruinan! ¡No tengo más que 
una sola pildorilla y esa me la guardo pa 
mí...! ¡En cuanto les vea mola intención a 
esta gente m e la trago y al purgatorio de- 
rechita!... ¡Y coma se me ponga enfrente el 
santón, entonces... entonces nos la vamos a 
partir!... Yo se la hago tragar a él y aiuego 
él me la hace tragar a mí... ¡Mu gracioso 
va a estar... sí, señor! (Por el foro izquier- 
da entra FATJMA, por la pendiente, envuel- 
ta en un velo.) ¡Calla.!... ¿Quién yiene?... 
¡Paece la señorita!... ¡Sí, sí!... Es una mo 
ra... ¡Chist! ¡Señoritfa!... (Acercándosele.) 
¡Señorita! 

(Deteniéndose.) ¿Quién es? 
¡"Josú... qué preciosidá de mujer!... ¿Dónde 
vas tú, güeña moza?... 

¡Ahora, a ver a los prisioneros!... ¡Luego, al 
azar, a la ventura, o. morir! 
¿A morir? ¡No tengas prisa, mujer!... 
¡Siéntate un poquito! 
¡Tú eres cristiano? 



Pepillo 

Fátima 
Pepillo 
Fátima 
Pepillo 

Fátima 
Pepillo 
Fátima 
Pepillo 
Fátima 

Pepillo 
Fátima 

Pepillo 

Fátima 

Pepillo 
Fátima 

Pepillo 



Fátima 
Pepillo 

Fátima 
Pepillo 
Fátima 
Pepillo 



Fátima 
Pepillo 



Fátima 



¡Digo: bautizao:, conñrmao y cqmuniao pol- 
las monjas lo menos diez veces. 
(Con espanto.) ¡Huye, desgraciado; huye! 
¡Yo!... ¿De tu vera?... ¡Primero moro! 
¡Sí, sí!... Vete... vete. 

¡A mí no hay quien me eche de aquí, míen- 
tras tú me des palique!... 
¡Mira que ha jurado exterminaros a todo*! 
¡Josú! ¿Quién es ese insecticida? 
¡El caíd! 

¿El caíd? ¡Qué mala sangre tiene! 
A mí me ha arroja© de su casa, porque rui 
quiere verme llorar. 
¿Y tú pa qué Horas tanto, mujer? 
Porque he visto morir a mi padre en mis 
brazos... ¡Muerto!... ¡Asesinado por él! 
¡Asesinado^ por él; qué tío bruto! ¡Oye...! ¿Y 
qué había hecho tu padre? 
¡Mohatar le ha acusado de ayudar a los prU 
sioneros, que han. dado muerte a mi dueña! 
¡Oye, oye!... ¿Qué prisioneros son esos? 
Unos que han pretendido asaltar el polvo- 
rín para fugarse. 

(Alarmadísimo. ) ¡Unos, unos... unos, ¿qué?... 
¿Y a quién dices tú que dicen que han mn- 

tao>? 

¡A Zulema!... ¡La hija del caíd! 
(En un salto.) ¿A...? ¡Chiquilla, tú estás lo- 
ca! ¿Que... lian asesinado a la señorita? 
Sí, sí... ¡A Zulema! 
¿Qué la han asesinao? 
¡Yo la encontré sin vida! 
(Turbadísimo.) ¡Ayayayl Pepillo, Joselillo. 
Josieiete y Pepete; qué feo se pone esto!... 
Pero, oye, ove, oye, ¿y tú dices que les han 
ochad la culpa a los prisioneros y a tu pa- 
dre?... ¿Quién era tu padre? 
(Sollozando.) ¡Sidi Mohamed el Rumí! 
(En el colmo de la admiración.) ¿El Rumi? 
¿El Rumí? ¡Chiquilla! ¿Que el Rumí era tu 
padre?... ¿Y le han escabechao?... (Fátima, 
sollozando, dice que sí con la cabeza.) ¿Pero 
en serio? (Dice que sí.) ¡Ay, Pepillo, Josehllo. 
Jeseléte y Pepete de la Cruz, de la' Cruz y de 
la Cruz! ¡Esta última cruz es la de mi sepul- 
tura! (Breve pausa.) 

¡Mohatar' tiene la culpa de todo!... ¡Moha- 
tar os ha acusado a vosotros y a, mi padre. 



48 



Pepillo 
Fátima 

Pepillo 



Fátima 
Pepillo 



Fátima 



Pepillo 



Mohatar 
Capitán 

Mohatar 



¡Uy, qué tíoi sinvergüenza! 
I Y el caíd, ciego de ira, ha jurada mataros' 
a lodos los tuyos que caigan en su poder! 
¡Si!... ¡Pues como me deje lugar... nos va- 
mos a ver los dos, y a ese Mohatar, maldita 
sean sus tripas, si no puedo con otra cosa 
con una piedra le tengo que partir la cabe- 
za, por canalla! 

j Y y»-.---' ¿Qué voy a hacer?... ¡Si los chaca- 
les me respetan, no dejaré de encontrar un 
moro que, al verme sola, me esclavice! 
¡Pues sí que es un programita!..: Escucha, 
entra conmigo a ver al general y cuéntale 
to lo que ha pasao... ¡Aluego yo le pediré 
que te proteja, que es muy amigo mío; y co- 
mp es' mu güeno, mu güeno, mu güeno; 
hasta puede que te. prohije y to..., y si te 
prohija, carcula... ¡Te ha salió un padre que 
tiene usía!... ¡Qué digo usía..., más...: tiene 
¡excelencia! ¿Te parece bien? 
¡Sí, sí!... Llévame a verle, cristiano*. Quie- 
ro pedirle que me proteja; pero antes- que 
castigue a ese miserable, y si no puede ha- 
cerlo, que me dé un arma, un puñal, y juro 
al Dios de mi padre que he de tener arres- 
tos para clavárselo en el corazón.., ¡Corre, 
cristiano; corre!... Llévame a ver al general! 
¡Pos ya estamos anclando! (Señalando la 
puerta.) ¡Por ahí... empuja!... (Fátima hace 
mutis seguida de Pepillo: Aparte.) {Miré 
usted qué lástima que tenga yo esa chava- 
lilla en el barrio del Perchel... Con lo que a 
mí me gustaría darle bocaos a una mora... 
¡Y ésta, que no está madurilla del to!... ¡Co- 
sa güeña..., sí, señor!... (Haciendo mutis.) 
¡Ya voy..., ya voy! 

(Comienza a amanecer. Tras una breve pau- 
sa entra por el foro izquierda impelido por 
un violento 'empujón el CAPITÁN, a quien 
sigue MOHATAR y un tropel de MOROS ar- 
mados. El capitán trae atadas tas manos; en- 
tra sin nada a la cabeza, rolo, sudoroso^ 
acardenalado, maltrecho.) 
(Entrando'.) ¡Camina, perro! 
(Rehaciéndose; con ira. ) ¡Cobarde!... ¡Has 
necesitado maniatarme papa poderme mal- 
tratar!... 
¡Pronto te desataré las manos para sáeih- 



-49 



¿re!... Espera. (A un moro.) ¡Be¿, Alí!... 
Prestó avisa al caíd que tengo en mi poder 
ai cautivo que ha organizado la evasión. 

Capitán ¡Que venga pronto, que no quiero que me 
maten sin que me oiga también! (Mutis Ben 
Alí lateral izquierda.) 

Mohatar Poejo tardará. ¿Quieres epntarle ¡cómo has 
traicionado a su hija, miserable? 

Cajpitán No encuentro palabras qué decirte... ¡Te 
desprecia, te escupo! 

Mohatar (Sonriendo.) ¿Porque sabes que vas a mo- 
rir? ¿Porque sabes que voy a fusilarte? 

Capitán ¿Por qué no viniste a hacerlo mientras me 
quedaba un solo cartucho en mi fusil? 

Mohatar ¡Quería cogerte vivo, capitán!... ¡Saber ¿en 
qué consiste tu gallardía para enamorar mu- 
jeres!... 

Capitán Di que tuviste miedo, miedo... 

Mohatar ¡Mal te cuadra ese lenguaje para ser un 
vencido! 

Capitán ¡Por ti!... ¡Por los tuyos!... ¡Mientes!... ¡El 
hambre y la sed...! ¡Esos, esos han sido los 
vencedores y no vuestro empuje, a pesar de 
ser ciento contra uno. ¡Recuerda a ver si 
mientras los nuestros tuvieron aliento para 
empuñar las armas lograsteis hacer prisio- 
neros!... 

Mohatar ¡Por eso quisiste entrar en el polvorín, para 
lograrlas! 

Capitán ¡Y si las logro juro a Dios que te hubiera 
matado cara a cara, sin insultarte como tú 
me insultas! 

Mohatar ¡Dime, dime algo de Zulema! 

Capitán ¡Miserable! 

Mohatar (A los moros.) ¡Aquí donde le veis, parece 
valiente!... ¡Sólo se atreve con mujeres! 

Capitán ¡Yo...! (Mordiéndose las ligaduras frenético.) 
¡Di... di que me desaten, o así y todo, con 
las uñas y los dientes, te arranco la vida.' 
(Varios moros le sujetan.) 

Mohatar ¡Dejadle!.., ¡No es tan fácil eso como asesi- 
nar mujeres indefensas! 

Capitán ¡Por ti y por los tuyos lo dirás, miserable; 
que contáis entre vuestras hazañas muje- 
res y niños martirizados, muertos fríamen- 
te, sin compasión!... ¡Esos son vuestros tim- 
bres de gloria! 

Mohatar ¡Calla ó te cruzo la cara! 



-~ 50 - 



Capitán 
Mohatar 

Capitán 



Mohatar 



Capitán 



Mohatar 

Capitán 
Mohatar 



Capitán 

Santón 
Capitán 



Santón 
Capitán 



Santón 
Capitán 



Santón 
Capitán 



Santón. 
Capitán 



¡Eres de una valentía enorme!... 
¡Veremos, la. tuyá^ cuando -venga- el padre de 
rZulepia; a pedirte. cuentas de' su muerte! 
{ Gon. un: grito de estupor)) ¿Qué-?. . . ¿Zulema 
muerta? ¡Mentira, mentira! ¿Quieres haoer-" 
me sufrür, i atormentarme?. . . ¡No te creo, 
no!... ■'. . -': :. ', ' " ' ' 

(A los moros.) ¡Cómo finge!...- ¡Eres astuto,'- 
pero yo lo soy más! ¡Tú fuiste el asesino de 
Zúlenla^ confiésalo; de todas maneras- vas ; 
a morir! ... • 

(Aturdido.) ¿Pero qué dice este hombre?... 
No lo acierto a comprended... ¡Zulema 
muerta.! -..;.;.' 

¡Debió sorprender tu intentona!... ¡Cruzarse 
en. Itu camino! • • -,::::'..'■ 

¡Calla...! ¡Eres un. infame! 
¡Crees que no te vieron!... Yo te he visto, yo... 
sin. poder llegar a tiempo para salvarla; peré :> 
te he í visto; ■> "«) U;\ ¡ 

¡Cobarde, cobarde!... (Mordiéndose las liga- 
duras.) ¡Quitarme estes ligad urjas...! ¡Pút 
vuestra madre' si la tenéis; quitármela que 
quiero su vida! (Llora de rabia:) 
(Dentro. Por la izquierda.) ¿Dónde está ese 
cautivo, Mohatar? (Entra.) ¿Vive aún? 
¡Aquí me tienes, dispuesta a morir...; pero 
antes diime que vive Zulema... que este 
hombre miente! • -• ; ' ; —• 

¡Tú fuiste su verdugo! 
¡Eli!... ¡Luego es verdad!... ¿Ha muerto?,.. 
(A Mohatar.) ¡Ya puedes..., ya puedes fu- 
silarme cuando quieras, Mohatar! 
¡No tuviste otro medio miserable para lograr 
tu fuga! • • '..■-, - 

¡Te juro que soy inocente!... ¡Yo he preten- ; 
elido evadirme de acuerdo con ella!... ¡Yo he 
pretendido robár#ela h porque la quería,: de ; 
modo tal, que tú no lo puedes comprender! 
¿Tú? : '.:■ ■•■. • - 

¡Yo, yo'!.;. ¡Que la salvé cuando las gentes 
del Hámido'- quisieron; vengarse en ella de*' 
ti!... ¿Recuerdas? 

¿Fuiste : tú? :'. ^ ', .. :-"L :.:.::..'.■'■ 

r¡Yo!... Yo' fui el cristiano' que se cruzó en su 
camino y se lanzó a la lucha, y para evitar 
inconscientemente tu deshonra... Desde en- 
tonces la quiero. La salvé yo; era mía. 



— 51 — 



Mohatar 

Capitán 

Santón 

Capitán 



Santón 
Capitán 



Santón 
Capitán 



Santón 
Capitán 



¡No lo creas! ¡Este -hombre miente!... ¡Es 

muy astuto!... ¡Arguye porque tiene miedo a 

morir, y. busca extraviar tu razón! 

La muerte la deseo, la ansio; tan es así, que 

si vosotros no me la dais he de dármela, yo! 

(Turbado.) ¡Aconséjame, aconséjame, Mohal 

tar! 

No le pidas consejo a nadie; que para ti sólo 
ha de ser todo el remordimiento. El de tu 
hija, el mío, el de tantos infelices que has 
mandado asesinar. 
¡Defiendo mi suelo, mi patria! 
Defiendes tu interés, defiendes tu señorío... 
¿Qué os importa a ti y a los tuyos la patria," 
si la vendéis al mejor postor?... ¿Qué te im- 
porta a ti ni a los poderosos como tú que el 
pueblo moro viva una vida abyecta y mise- 
rable; el caso es mandar, mandar, ser los 
dueños y señores..., y para ello sobran es- 
cuelas, ciencia, civilización, todo? ¡Que nun- 
ca ;se den cuenta que sois unos caciques!; 
caciques injertados en bandoleros, cuyo le- 
ma sólo es dinero y traición! 
¡Yo traidor! 

¡Tú más que nadie, que no tuviste la ga- 
llardía de ser nuestro franco enemigo! Tú, 
que viniste llamándote amigo nuestro a pre- 
parar en la sombra la traición. ¡Tú, que no 
has Vendido ya a los tuyos sin duda porque 
no .te ofrecieron bastante! 
¡Te sentencias a morir,! 
(Exaltadísimo.) ¡Y qué me importa morir, si 
logro desenmascararte, hipócrita; que finges 
humanidad con nosotros para cubrir fu an- 
sia de dinero!... ¡Fusílame! ¡Así tu gente, 
esos que mandas por! el mundo con astutos 
mensajes pidiendo paz a naciones que no 
ofendiste, hablarán por tu causa; pero yo, 
mi muerte, mi nombre les recordará a to- 
dos los incendios y ultrajes que habéis co. 
metido; el martirio salvaje de niños y an- 
cianos; la muerte villana que disteis, uno n 
uno, cobardemente, a doce mil españoles, 
¡doce mil!..., que el que menos valía sólo 
-más.^que tú, y más que todos los tuyos y 
más que toda tu raza!... Ahora, fusílame si 
quieres, canalla; fusílame, fusílame. 



m 



Santón 



General 

Santón 

General 

Santón 

General 1 

Mohatar 



Pepillo 
Mohatar 

Santón 



General 
Pepillo 

Santón 

General 
Santón 

General 

Pepillo 



Santón 



(Fuera de si.) . iQue Alá me confunda. si -no 
te mato ahora mismo! 

(GENERAL, que desde hace unos momentos 
escucha tras la puerta entornada, sale rá- 
pido y se interpone.) 
¡Primero tienes que matarme a mi!. . 
¡Quita, general! 
¡Nunca! 

¡Que no respondo de mi cólera, quita!... 
¡Tu cólera es muy poco para mí! ¡Atrévete! 
(Que ha dado la vuelta, aproximándose di 
capitán, hace una seña a los moros.) ¡A 
ellos!... ¡Ahora!... 

(Van a abalanzarse sobre ellos. Mohatar, ct 
primero; pero los contiene Pepillo, que que- 
dó escuchando en lu{/ar del general, y qu* 
se interpone disparando sobre Mohatar.) 
¡Y en la hora de la muerte...! ¡Toma!... 
(Vacilante.) ¡Ah...! ¡Ah...! (Da un suspiro y 
cae de bruces.) 

¡Ah..., traición! ¡A ellos los míos! 
(Los moros se apoderan de los tres prisio- 
neros. Otros se llevan por la izquierda el 
cuerpo de Mohatar.) 
(A Pepillo.) ¿Qué has hecho, hijo? 
¡Quitar de en medio a un sinvergüenza! ¡No 
le llore usted!... (De la cueva salen prisio- 
neros, que se agrupan a la puerta.) 
(Descompuesto. A los moros. Por Pepillo y 
él capitán.) ¡Fusilad esos hombrjes en se- 
guida! ¡Enseguida! 

(Tratando de desprenderse de los que le su- 
jetan.) ¡Y a mi también! 
No; tú vales demasiado para m(í. No me 
conviene. (Los moros inician mutis foro iz- 
quierda con Pepillo y el capitán.) 
(Forcejeando.) ¡Soltadme, canallas!... ¡Quie- 
ro morir! ¡Mi vida por la de esa criatura, 
casi un niño! 

¡Pero qué niño!... ¡Un fenómeno, mi gene- 
ral! ¡No le pida na a ese tío, que yo muero 
contento, mu contento! (Al Santón.) ¿Te en- 
teras tú, sinvergüenza? ¡Pa que veas cómo 
morimos nosotras! ¿Y tú eres un moro no- 
table? ¡tú eres un notable bandido«; eso 
eres tú! 

(Enfurecido.) ¡Fuera, fuera ya! 
(El Santón y los moros a empujones .se lie- 



-r 5* ^- 

van al capitán y a Pepillo por el (oro Iz- 
quierda. Por el mar del ¡ondo comienzan a 
brillar los rayos del sol, que inundan la es- 
cena de un tinte rojizo.) 

General (Forcejeando sollozante.) ¡Dejadme quiero 
besarlos! Darles un abrazo... ¡Son mis hijos, 
los hijos de España, mis soldados!... ¡Dejad- 
me, dejadme!... 

Pepillo (Con voz potente, dentro.) ¡Adiós, Málaga la 

bella!.., ¡Hermanos! 

Capitán (Dentro también.) ¡Viva España! 

(Suena dentro una descarga seca y un grito. 
Luego, silencio breve.) 

General (Al unísono de los tiros.) ¡Ah!... (Los moros 
que su¡etan al general le sueltan y desapa- 
recen. Hay un segundo de estupor, sollo- 
zante.) ¡Asesinos...! ¡Asesinos...! (Rehacién- 
dose y dirigiéndose a los prisioneros, que 
han salido en tropel.) ¡Hijos míos...! ¡Solda- 
dos... 1 ¡Firmes! ¡Erguido el cuerpo; alta la 
frente; orgullosa la mirada. ¡Saludad a esos 
hombres que acaban de morir haciendo ho- 
nor a su raza!... ¡Soldados españoles: firmes! 
¡Viva España! 

(Como en el ¡inal del primer acto, los sol- 
dado^ se cuadran y saludan militarmente. 
Ij>s moros quedan agrupados en el foro iz- 
quierda, en silencio.)— (Telón.) 



FIN DEL DRAMA 






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